Nueva legislatura

No es fácil medir los tiempos y menos en política, pero creo no errar mucho si suscribo que la LIV Legislatura nos quedó a deber a las y los ciudadanos.
Diputadas y diputados dormidos durante las sesiones, ausentes de los debates, indiferentes a la opinión de su electorado, iniciativas intrascendentes y con una sumisa lealtad al grupo político que representaban y que no necesariamente coincidia con el partido que les postuló.
Eso quizá nos ayuda a entender porque Morena y sus aliados, perdieron cuatro posiciones en la elección del 6 de junio y por qué fallaron a la posibilidad de ser un contrapeso efectivo del Gobierno del Estado.
Así que tanto para las y los Diputados que consiguieron la reelección, como para quienes llegan por primera vez al Congreso, lo mínimo que esperamos es que se conduzcan con autonomía sin sometimiento ni servilismo, ya que con la configuración resultante de la jornada electoral será necesario un intenso cabildeo para llegar a cualquier acuerdo entre los cinco partidos que van a sobrevivir.
El primer desafío para la nueva legislatura que inicia el próximo 1 de septiembre, será recibir el Quinto Informe de Gobierno. La siguiente tarea –y probablemente la más importante en lo que resta del año– es el análisis y la aprobación de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos. Durante este proceso se podrá discutir de manera abierta y plural, asuntos tan importantes como el tamaño de la nómina del gobierno, los recursos para los programas sociales o las transferencias que se realizan a las diferentes entidades públicas.
En este camino, los legisladores tendrán que impulsar los cambios que permitan mejorar su eficacia legislativa y transparentar aún más sus órganos y administración interna, donde persisten los excesos y la opacidad en el manejo de los recursos.
Es evidente que con la distancia que hay entre Morena y el Gobierno Estatal, de cara a la elección de la gubernatura, se vislumbra un constante jaloneo, que puede condenar a la parálisis, pero es mejor que el Poder Ejecutivo y el Legislativo puedan negociar, sin caer en el extremo opuesto del sometimiento de un poder al otro

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