Hace seis años, Donald Trump firmó el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al que calificó como “el mejor acuerdo comercial de la historia”.
Sin embargo, el pasado 1 de julio cambió de postura al decidir no renovar automáticamente el tratado por un periodo adicional de 16 años. Esto no significa que el acuerdo haya terminado; su vigencia original se mantiene hasta 2036. Lo que cambia es que, a partir de ahora y hasta esa fecha, el tratado estará sujeto a revisiones y posibles modificaciones año con año.
La decisión obedece a que Estados Unidos considera que el acuerdo ya no le permite reducir su déficit comercial con sus socios. A simple vista podría parecer un procedimiento normal dentro de cualquier tratado internacional. Sin embargo, el mensaje de fondo va mucho más allá: el panorama para la economía mexicana y la región seguirá marcado por la incertidumbre, y Estados Unidos ha convertido al T-MEC en su herramienta geopolítica más poderosa.
Para dimensionar la importancia de este acuerdo para México, basta observar algunos datos. Actualmente existen más de 36 mil empresas exportadoras registradas bajo el marco del T-MEC, las cuales generan alrededor de 1.5 millones de empleos formales. De acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), aproximadamente el 55% de la economía mexicana está directamente vinculada al tratado.
Además, ocho de cada diez dólares que exporta México tienen como destino Estados Unidos. Productos como hortalizas, vehículos, autopartes, motores, televisores, computadoras ensambladas y productos farmacéuticos, dependen de este mercado. En otras palabras, ocho de cada diez pesos del comercio exterior mexicano pasan por el T-MEC.
El problema es que esta nueva dinámica introduce un factor permanente de incertidumbre. Si las reglas comerciales podrán modificarse cada año, inevitablemente se afectarán las decisiones de inversión, la generación de empleo, el comercio y el crecimiento económico.
Y justamente esa incertidumbre rompe con la lógica que dio origen a los tratados comerciales: brindar certeza jurídica para que empresas e inversionistas puedan planear proyectos de largo plazo.
Un acuerdo comercial que mueve alrededor de 2 billones de dólares anuales, se ha convertido ahora en un poderoso instrumento de presión política.
La incertidumbre es hoy la principal herramienta de negociación de Estados Unidos para discutir con México y Canadá, temas que van mucho más allá del comercio: migración, combate al fentanilo, inversión china, política energética, semiconductores, seguridad fronteriza y cadenas de suministro estratégicas.
El 1 de julio quedó claro que Estados Unidos dejó de ver al T-MEC únicamente como un tratado comercial.
Lo transformó en un instrumento de política exterior y de competencia geopolítica, desde el cual busca fortalecer su posición frente a China y redefinir las reglas económicas y estratégicas de América del Norte.
