Por Luis G. Ortiz

La reciente presentación de nombres de periodistas y medios dentro de un supuesto “ecosistema digital de amplificación”, vuelve a poner sobre la mesa un asunto que va más allá de las personas señaladas: la libertad de expresión y los límites que deberían existir, cuando quien cuestiona también puede ser cuestionado desde el poder.

Un periodista puede equivocarse, tener una postura determinada o publicar información que después deba corregir. Esa es parte de la responsabilidad de ejercer el periodismo. Pero una cosa es cuestionar una información y otra muy distinta, es señalar a quien la publica por ejercer su derecho a criticar.

La libertad de expresión no puede depender de que lo que se diga, resulte cómodo para quien gobierna. Si una información es falsa o inexacta, debe responderse con datos, argumentos y mecanismos de réplica. La discusión pública debería estar en el contenido, no en identificar quién resulta incómodo.

Y aquí surge una pregunta necesaria sobre el llamado “Derecho de Réplica” en las conferencias matutinas: si desde una plataforma con enorme alcance se señala a un periodista o medio, ¿quién determina qué información es falsa o inexacta? Y, sobre todo, ¿quién garantiza que la persona señalada tenga una oportunidad real de responder?

El gobierno tiene derecho a defender su versión de los hechos. Los medios y periodistas tienen la obligación de informar con rigor y asumir las consecuencias cuando se equivocan.

Pero esa responsabilidad debe funcionar en ambos sentidos: quien tiene el poder de comunicar a millones también debe tener el deber de comprobar, explicar y, cuando sea necesario, corregir.

La libertad de expresión no significa que los periodistas siempre tengan la razón. Significa que pueden cuestionar al poder sin que esa crítica sea, por sí misma, motivo de señalamiento.

En democracia, nadie debería tener el monopolio de la verdad. La libertad de expresión se demuestra precisamente cuando somos capaces de escuchar aquello que nos incomoda.

¿Quién vigila al poder cuando el poder también decide quién puede responderle?

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