El pasado fin de semana una señora llamó la atención, porque utilizó un tono de voz elevado cuando estuvo frente a la presidenta Claudia Sheinbaum en su visita a Tamaulipas. La persona trataba de explicar una problemática, pero fue muy difícil entender su petición. Aquella escena no tendría mayor importancia, si no fuera por una serie de circunstancias que se concatenaron para hacer de ese momento un video viral.
Por principio de cuentas decir que la presidenta suele tener como estrategia, el contacto permanente con la gente en sus giras al interior del país. En aquellas giras es frecuente que grupos, líderes o cualquier persona se acerque a ella para saludarla, hacer una solicitud, sacarse una foto, en fin.
Esa posibilidad representa una nueva forma de gobernar que los precursores de la 4T buscan afanosamente. Para ellos, la cercanía con el pueblo, escuchar sus demandas y generar un vínculo con todos, es prioritario. Cual más, cuando nuestra herencia política estuvo marcada por una brecha muy grande entre sociedad y gobierno.
Ahora, con un enfoque distinto, los políticos emanados de Morena tratan de cambiar aquellos esquemas tradicionales. A pesar de los riesgos que representa ese comportamiento. Hablo de las posibles amenazas que ello conlleva no solo en la integridad física sino en la posibilidad de exponer a los políticos a la vox populi.
Cualquiera podría decir que es válido retar a los políticos y ponerlos sobre “la pared”, cuando se trata de exigir cuentas o señalar un comportamiento inadecuado de su parte. Pero también las formas cuentan y la manera en que el soberano puede conducirse, también debe estar en juicio.
Me explico, en este contexto de ataques y contrataques de los actores políticos es relativamente fácil utilizar a una persona que llevar al límite a un adversario. Es decir, la gente puede ser rehén – incluso sin saber -, de intereses particulares no siempre legítimos.
Muchos, de los que viven de la política, se frotan las manos cuando a un contrincante le va mal, lo señalan, le inventan una injuria, lo difaman, lo agreden. Esa es parte de una estrategia que se utiliza con más frecuencia de lo que se imagina.
Por tanto, lo que ocurrió este fin de semana, deja algunas dudas. La señora que le grita a la presidenta, que no le regresa el saludo, que le exige con malas formas que solucione una problemática personal, resulta excesiva y sospechosa.
En este momento hay quienes disfrutan de ver esta escena porque refleja ineficiencia, inoperancia, debilidad del gobierno ante un problema específico. Aunque el asunto parece ser un despojo. Lo mejor para los detractores es que una mujer adulta no quiso saludar a la presidenta.
Y eso se relaciona directamente con las ideas fuerza que Sheinbaum suele utilizar con frecuencia: es tiempo de mujeres, no llegó una, llegamos todas. Oraciones que ahora se encuentra en entredicho porque una de ellas está padeciendo.
Resulta claro que manos obscuras propiciaron las condiciones para que la presidenta saliera de juicio. No obstante, la templanza también se hizo presente y ahora solo tenemos un mal momento y un trago amargo que testificar.
Para esos intereses malsanos que le pusieron una trampa a Sheinbaum se les olvidó que en sus mocedades, tuvo que lidiar con varios perfiles similares en el movimiento sindical de la UNAM. Esa, sin duda, es una gran escuela política que permite mantener la compostura ante esas pequeñas tormentas fabricadas.
