Desde que tengo memoria los taxistas han remado contra corriente. Digo lo anterior, con conocimiento de causa, ya que mi padre se dedicó a esta profesión durante 60 años. De tal manera que tuve una referencia directa de los sinsabores de aquel gremio.

No realizaré un recuento de aquellas condiciones complejas que desde hace años sufren los trabajadores del volante; en cambio, pondré énfasis en dos consideraciones actuales. La primera tiene que ver con la regulación de una tarifa (incluyendo taxímetros como método de cobro) y la segunda, con la imposibilidad de incluir en la oferta de movilidad a las plataformas como Uber o Didi.

Hay voces, desconozco si son mayoría o minoría, de operadores que se oponen al taxímetro. Sus razones suelen descansar en los siguientes criterios, ellos dicen que el mecanismo automatizado no permite definir horarios o zonas de la ciudad, que por su propia complejidad ameritan otras consideraciones en los costos.  

Ahora bien, el usuario se queja de mal servicio, unidades maltratadas y operadores no capacitados, que hacen difícil la experiencia del viaje. Por tal motivo, crece el número de personas que desean probar suerte con las plataformas citadas.

En suma, tenemos un dilema de nunca acabar. Las personas que dependen de esta actividad no cuentan con los medios para modernizar sus unidades, hay mucha rotación de choferes porque constantemente están buscando un trabajo mejor remunerado y las tarifas quedan al contentillo de la buena o mala voluntad con el pasajero.

Eso no puede seguir así. Por tanto, la regulación resulta impostergable. Aunque hay resistencias porque en el pasado ese sector estaba acostumbrado a caminar con el gobierno utilizando una política corporativa.

Los taxistas durante años pertenecieron a los gremios afiliados al PRI y sus dirigentes negociaban con la cúpula. Ahora, desarticuladas esas formas, los trabajadores del volante pretenden realizar un movimiento que les permita ir en sentido contrario a la opinión del gobierno.

Para ellos lo mejor sería dejar que las cosas fluyan al libre albedrio de los usuarios y que sea el cliente, el que al final decida el medio de transportarte. No suena mal pero el crecimiento de la ciudad se está dando a paso acelerado y nos conviene a todos tener reglas claras.

Hay que aprender a convivir es esta nueva realidad de ciudad grande que requiere de todos los medios de transporte. No podemos prescindir del taxi, pero también hay que crear condiciones para todos los que viven de esta noble actividad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *