Por Aaron Jiménez
Escribir semana a semana en estas páginas de Periódico RUTA no ha sido un ejercicio solitario ni un mero desahogo de tinta; ha sido un acto profundo de amor y diagnóstico por nuestra tierra.
A lo largo de este tiempo, hemos recorrido con la mirada y la palabra cada rincón de nuestro municipio. Desde estas líneas, no nos hemos limitado a señalar lo evidente; hemos diseccionado con rigor técnico y vocación social los temas que realmente duelen y definen a Tulancingo: el agua que es vida y gestión, la urgencia de una planeación urbana seria, la seguridad, la movilidad y el rescate de nuestra infraestructura pública, el deporte, la cultura, nuestro comercio y muchos más…
Cada colaboración ha tenido un propósito claro: demostrar que los problemas de nuestra ciudad no se resuelven con improvisaciones, sino con método, conocimiento profundo de la administración pública y, sobre todo, con un amor inquebrantable por nuestra gente.
Un servidor público no se forma de la noche a la mañana; se forja en el estudio constante, en la experiencia probada y en la cercanía real con las necesidades de cada colonia y comunidad.
Hoy, al hacer este recuento de ruta, es imperativo mirar hacia adelante con absoluta claridad. Tulancingo vive una encrucijada histórica y merece recobrar con urgencia el lugar preponderante que históricamente le corresponde.
Nuestra ciudad no está para experimentos políticos, ni para la comodidad de regidores o diputados sin trabajo que buscan refugio, ni para la pesada carga de herencias de un gobierno local que francamente ha quedado a deber a los ciudadanos, ni para ocurrencias que solo retrasan nuestro desarrollo.
Frente a esta realidad, el verdadero camino hacia adelante exige reconectar con los principios fundamentales de la transformación: la honestidad, la cercanía con el pueblo, la eficacia técnica y el trabajo diario sin simulación. Tulancingo tiene dignidad y un potencial extraordinario que no puede seguir atado a inercias del pasado.
Lo he sostenido y lo mantengo con firmeza: poseo la visión, la preparación, la templanza y el conocimiento profundo de la administración pública para encabezar este gran proyecto de transformación que nuestra casa común demanda. No venimos a improvisar; venimos con la convicción y la capacidad probada para rescatar el brillo y la grandeza de nuestro municipio.
Sigamos imaginando, pero sobre todo, reconectemos con nuestros valores para construir el Tulancingo que nuestras familias merecen. El futuro se conquista con trabajo, congruencia y verdad.
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