En días pasados escribí, en este mismo espacio, sobre la crisis interna del PRI y lo desangelado de su proceso de renovación en su dirigencia estatal. Hoy, el escenario ha cambiado, no drásticamente pero sí es mucho mejor que hace unos días.
Resulta que el pasado domingo en la elección de Coahuila para elegir su Congreso Local, el tricolor resultó ser el ganador indiscutible con las 16 posiciones de mayoría. Como hace muchos años no decíamos: se llevó el carro completo.
Hay que recordar que aquel estado del norte del país, tiene su propia dinámica. Hace tiempo el priísmo se arraigó ahí sin dejar mucho espacio a otros partidos. En esta elección el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Movimiento Ciudadano (MC), quedaron por debajo del 3% de la votación válida emitida, umbral que la legislación electoral del estado, establece como mínimo para conservar financiamiento público estatal y acceso a cargos de representación proporcional.
De tal suerte que la política local se configura con un partido dominante que –al parecer– no ha sido vulnerado por la ola guinda que se extiende por el resto del país. Cuestión que llama la atención de propios y extraños. Porque otras expresiones priístas como el grupo Atlacomulco del Estado de México o el grupo Hidalgo, sucumbieron a los nuevos tiempos de alternancia y cambio político.
Pero con los Moreira parece que nadie puede, al menos no en las urnas. Esta bocanada de aire fresco para el grupo en el poder y para su dirigencia nacional, llenará de nuevos bríos a quienes pensaban que el priísmo tenía los días contados.
Y también, este resultado, manda otro mensaje que Morena tiene competidores muy fuertes en el ámbito local. Aunque su fortalezca parece estar repartida en todo el territorio nacional, todavía hay lugares que mantienen otra inercia.
Y en el fondo esto tiene sentido porque el norte del país no comulga mucho con la ideología de izquierda. Recordemos que su esencia es industrial, con reducida población indígena, alto nivel adquisitivo, clase media alta, valores y costumbres cercanas a Estados Unidos, en fin. Indicadores sociodemográficos y etiquetas sociales que regularmente se inclinan por otras preferencias políticas.
En buen momento llegan estos resultados que seguramente van a magnificar en el tricolor. Tomarán como estandarte estos números para justificar su actuar; y quizá, en su propia lógica, tienen un poco de razón.
Hay que defender a capa y espada lo que le queda, esos nichos aislados donde la competencia es nula y la inercia explica la continuidad de proyectos políticos que al resto nos podrán parecer anticuados.
Bien por el partido que han dado por muerto muchas veces y que se renace de sus cenizas, bien por aquellos que mantienen firmes sus convicciones (aunque a ojos de otros parezcan equivocados), bien por los que aceptan los resultados adversos y tratan de recomponer.
Muy mal por los que actúan como repetidores de versiones en desuso, es decir, por los que no aceptan las derrotas, los que levantan la voz y acusan sin pruebas, por los que aluden un complot sin tener elementos.
