Hace unos días se conmemoró el Día del Comunicólogo en nuestro país, siendo una profesión de gran impacto y riesgo en nuestro país.

Su obligación no es menor: son el vínculo entre la sociedad y la información, siendo de vital importancia para poder garantizar que la información que llegue a la población sea fidedigna y real.

El profesionalismo de las y los comunicólogos implica que sean ellos el primer filtro que evite que las noticias falsas y los grandes engaños afecten nuestra sociedad; en ellos recae, en gran medida, la tranquilidad y, por supuesto, la confianza de la población.

Su prestigio es, sin duda, la marca que hace de cada uno una forma de vida cotidiana que garantice la integridad de su trabajo.

En ese mismo sentido, cada noticia debe garantizar el derecho de los terceros a no ser atacados ni desprestigiados, y ello solo se puede lograr con el profesionalismo de cada uno de los comunicólogos.

No obstante, los tiempos que vivimos son complejos. Hoy, una profesión en riesgo, que clama por justicia y en la que cada noticia y verdad puede ser costosa, impide que el trabajo pueda ser realizado con el debido profesionalismo.

Hemos visto ataques contra periodistas sin precedentes; ello solamente demuestra un clima de inseguridad.

El caso de Ciro Gómez Leyva, atacado por un grupo criminal, me parece que no puede quedar en el olvido, porque la presión hacia quienes tienen la obligación de generar información clara e imparcial no puede ser un acto menor, puesto que es parte de un interés público.

Estoy seguro de que solo mediante la garantía de que la seguridad y la tranquilidad existirán en el ejercicio de las profesiones podremos garantizar a las personas que las y los profesionistas actúen de la manera más ética.

Lic. Juan Fernando González Espinosa

jfernandoge@gmail.com

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