Al igual que en el ámbito deportivo, la llegada de la Copa del Mundo de Futbol generaba grandes expectativas para México, no solo por la ilusión de un buen desempeño en la cancha, sino también por el posible impacto económico.
Durante meses se habló del impulso que este evento podría generar a través del consumo privado, derivado de la llegada de visitantes nacionales y extranjeros durante el mes de competencia.
Sin embargo, un análisis de BBVA Research señala que el consumo mostró una tendencia débil durante el Mundial 2026, dejando una realidad muy distinta a la expectativa inicial.
Para entender por qué existía tanta ilusión económica alrededor del evento, es necesario recordar la importancia del consumo privado para México. Este indicador representa entre la mitad y dos terceras partes del Producto Interno Bruto (PIB) y refleja el gasto que realizan las familias y organizaciones en bienes y servicios.
Actualmente, ante la falta de mayor dinamismo en la inversión, el consumo privado se ha convertido en uno de los principales motores de la actividad económica nacional. Por ello, era razonable esperar que un evento de esta magnitud generara un impulso significativo.
La expectativa era clara: más visitantes, más consumo y mayor movimiento económico.
No obstante, el análisis señala que aunque las actividades relacionadas con la Copa del Mundo beneficiaron temporalmente sectores como entretenimiento, servicios, construcción e infraestructura, ese impulso no fue suficiente para revertir la desaceleración del consumo, que acumula ya 15 meses sin expansión significativa.
¿La razón?
Los principales sectores asociados al gasto durante el Mundial terminaron mostrando resultados poco alentadores. El consumo en hoteles, restaurantes, tiendas físicas y gasolina registró retrocesos de 10.5%, 4.9%, 0.9% y 2.5%, respectivamente, en comparación con el mes previo al evento.
La decepción económica, al igual que la deportiva, tiene una explicación estructural.
Así como la Selección Mexicana requiere replantear la formación de talento para aspirar a trascender, la economía mexicana necesita revisar sus bases: empleo formal, productividad, inversión y confianza.
De no hacerlo, el propio análisis anticipa que la debilidad del consumo podría mantenerse durante el segundo semestre del año.
La incertidumbre generada por el entorno político, social y económico —desde los cuestionamientos sobre seguridad, la discusión de reformas institucionales, el futuro del acuerdo comercial de América del Norte (T-MEC) y la inseguridad— provoca cautela en consumidores e inversionistas, frenando la demanda de bienes y servicios.
El Mundial terminó, pero el verdadero partido económico continúa.
México necesita urgentemente un“¿y si sí?”, que cambie la dinámica actual y permita recuperar crecimiento, inversión y confianza.
Porque fuera de la cancha, también se juega el futuro económico del país.
