¿Cómo es posible romper récords históricos en exportaciones y, al mismo tiempo, mantener un crecimiento económico prácticamente estancado?
La situación es más seria de lo que parece. En semanas recientes les compartía, en este mismo espacio de opinión, el pronóstico del Banco de México para 2026: un crecimiento económico de apenas 1.1%.
Sin embargo, al mismo tiempo vemos indicadores que muestran a México como una potencia exportadora. Año con año se rompen récords en ventas al exterior, alcanzando cifras cercanas a 663.4 mil millones de dólares.
Entonces surge una pregunta inevitable: ¿vamos bien o no vamos bien?
Mi respuesta es que las cifras esconden una realidad distinta. El auge exportador que suele presentarse como una gran noticia también revela una de las principales debilidades de la economía mexicana.
Nuestro modelo productivo continúa dependiendo del esquema de maquila: ensamblamos bienes con componentes importados y generamos un valor agregado nacional relativamente bajo.
No es casualidad que el 91.1% de las exportaciones mexicanas provenga del sector manufacturero, principalmente de industrias como la automotriz y la electrónica, mientras que el resto corresponde a actividades agropecuarias y petroleras.
Pero el dato verdaderamente relevante es otro: el contenido nacional promedio de esas exportaciones ronda apenas el 33%.
Tomemos como ejemplo la industria automotriz, considerada la joya de la corona de las exportaciones mexicanas. De cada vehículo exportado, solo una cuarta parte del valor se genera en México; el resto (tres cuartas partes) corresponde a autopartes, componentes e insumos importados.
Ahí se encuentra la explicación de por qué vendemos más, pero crecemos menos.
Una parte importante de la riqueza que generan nuestras exportaciones termina fuera del país, ya que más del 60% de los insumos utilizados son importados.
Este problema responde a factores estructurales: elevados costos logísticos, debilidad institucional, ausencia de una política industrial de largo plazo y una inversión insuficiente en ciencia, innovación y tecnología, que apenas representa alrededor del 0.4% del PIB.
Sin innovación propia, resulta difícil incrementar el valor agregado de nuestra producción. A ello se suma otro riesgo: el 85% de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos, lo que hace a la economía mexicana altamente dependiente de las decisiones económicas, comerciales y políticas de nuestro principal socio.
Mientras México no incremente el contenido nacional de sus exportaciones, fortalezca al campo, impulse una verdadera política industrial y resuelva los problemas estructurales del sector energético, particularmente de PEMEX, los récords de exportación seguirán siendo cifras espectaculares… pero insuficientes para traducirse en mayor crecimiento económico y desarrollo para los mexicanos.
Porque exportar más no siempre significa crecer más. El verdadero reto es generar mayor valor dentro del país.
