Un tema que pareció preocupante fue una discusión que se suscitó en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, mediante la cual una ministra consideró que su proyecto de sentencia no había sido aprobado en virtud de una animadversión por parte del resto de los ministros de la Suprema Corte.

Lo anterior no solamente demostraría una parcialidad al interior de la Corte sino una falta de objetividad para la resolución de controversias, lo cual afectaría a la ciudadanía y a la población en general.

La Corte más importante del país no puede tener un solo sesgo, ni mucho menos ver nublado su reputación ni su confianza por discusiones sin sentido. La resolución de fondo de cada asunto, debe de ser lo suficientemente argumentada y motivada, que permita garantizar que cada asunto es resuelto conforme a derecho.

Parece que los comentarios vertidos respecto a una posible parcialidad y subjetividad de los votos emitidos por el resto de los ministros, no solamente pueden ser peligrosos sino irresponsables, ya que generan una incertidumbre en la sociedad respecto de la resolución de las controversias más importantes del país.

Imaginar que la máxima casa de la justicia puede convertir asuntos en rencillas personales, implicaría aceptar una nula ejecución en la justicia de nuestro país.

Estoy seguro que el deber de la Corte como institución, debe ser el garantizar no solamente la justicia sino la tranquilidad de la sociedad, mediante sentencias que demuestren esa imparcialidad en cada acto.

En tal sentido, es imperativa que la propia institución garantice la objetividad e imparcialidad en cada una de las decisiones y de la misma manera, demuestre que la labor que realiza cada uno de los ministros es ajeno a cualquier interés diverso al de la justicia.

jfernandoge1@gmail.com

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