La Copa del Mundo de Futbol 2026 está a la vuelta de la esquina y esta edición marcará un antes y un después en la organización de este evento: habrá tres países anfitriones —México, Estados Unidos y Canadá—, una nueva modalidad con 48 selecciones participantes (16 más que en los mundiales anteriores) y, por ende, una mayor duración, extendiéndose por 39 días, es decir, 10 días más que las ediciones previas.
En este contexto, México ya sabe lo que significa ser sede mundialista.
Este año hará historia al convertirse en el primer país en albergar tres Copas del Mundo.
Pero, más allá del espectáculo deportivo, ser sede mundialista también representa buenas noticias para la economía mexicana, ya que implica una importante derrama económica.
Diversas estimaciones proyectan beneficios que van desde los 1,000 millones hasta los 4,500 millones de dólares. De acuerdo con la firma Deloitte México, el Mundial 2026 aportará alrededor de 4,050 millones de dólares en valor agregado a la economía nacional, impulsará el Producto Interno Bruto y generará aproximadamente 112,200 empleos temporales.
¿Quiénes serán los jugadores clave para la economía mexicana?
Infraestructura, turismo, consumo y empleo serán los grandes protagonistas de esta Copa del Mundo.
La infraestructura ya tomó la delantera en México con la remodelación del Estadio Banorte (antes Estadio Azteca), que implicó una inversión superior a los 300 millones de dólares, impulsando al sector de la construcción como motor económico y con el objetivo de convertir al recinto en una sede digna para el partido inaugural.
Asimismo, este evento abre espacio para nuevas inversiones en infraestructura y transporte público, ya que la demanda de movilidad será uno de los mayores retos durante el torneo.
El siguiente jugador que hace dupla inmediata es el turismo.
Se estima que México recibirá alrededor de 836 mil visitantes, de los cuales 556 mil serán turistas nacionales y 280 mil internacionales. Esto dará paso al fortalecimiento del consumo, pues, además del torneo, muchos visitantes aprovecharán para recorrer distintos destinos turísticos del país.
Todo ello impulsará sectores como la gastronomía, el hospedaje, el transporte, el entretenimiento, el comercio y el consumo de productos electrónicos, entre otros.
Sin duda, se trata de un panorama alentador para la economía mexicana.
Sin embargo, también habrá que cuidar los posibles contragolpes de factores como la inflación y la inseguridad, que podrían disminuir parte del impulso positivo generado durante los 40 días que durará el evento.

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