Por Aaron Jiménez

En días recientes, las redes sociales se han inundado de aplausos para acciones ciudadanas que, aunque loables, dejan al descubierto una verdad mucho más profunda y dolorosa: la crisis de confianza que enfrenta nuestra administración pública. 

Cuando un ciudadano toma la iniciativa de reparar un bache con sus propios medios, la reacción colectiva es de júbilo. Es una válvula de escape necesaria, ante la frustración de años de negligencia y falta de mantenimiento básico.

​Entiendo perfectamente esa emoción: me duele ver nuestras calles en condiciones deplorables y, desde la ingeniería, sé que cada “parche” ejecutado sin técnica es dinero tirado a la basura.

​Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre el espectáculo y la gestión. La política que busca likes, se contenta con tapar el agujero para la foto, capitalizando el hartazgo de la gente. Por el contrario, la política ideal busca entender el origen del daño. 

¿Por qué se rompió la carpeta asfáltica? ¿Fue por materiales de mala calidad o por una planeación vial inexistente?

​Tulancingo no necesita más “influencers” que nos distraigan con acciones cosméticas que se desmoronan a la primera lluvia. Necesitamos profesionales que entiendan de infraestructura, de presupuestos y de capacidad técnica. 

La gente está cansada, y con justa razón, de la clase política tradicional. El hartazgo es lógico cuando el gobierno no cumple con lo elemental.

​Por eso, mi invitación no es a que me aplaudan por una acción aislada, sino a que exijamos un nivel superior de competencia. Si el ciudadano común tiene que salir a tapar los baches, entonces el municipio no está cumpliendo su función y quienes lo administran, no están haciendo su trabajo. 

En lo personal, considero que el compromiso no es con el show mediático, sino con la ingeniería de soluciones.

​Mientras otros buscan el aplauso efímero, lo correcto es trabajar en el análisis de los problemas estructurales de nuestra ciudad. Que no nos confundan las redes: una ciudad no se gobierna con likes, se gobierna con conocimiento y capacidad de gestión. Tulancingo merece ese nivel de seriedad.

​Y hablando de lo que sí nos une como mexicanos: el jueves 11 de junio, el Estadio Ciudad de México fue escenario de un momento histórico. México venció 2-0 a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial 2026, con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, ante más de 80,000 aficionados. Una victoria que nos recuerda que cuando hay planeación, técnica y compromiso real, los resultados llegan. La misma fórmula que Tulancingo necesita aplicar en su gobierno.

Facebook: AarónJiménezH 

Ig: @imaginemostulancingo

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