Una de las cuestiones que ha dejado este mundial, es la esperanza nacional respecto de nuestra selección, misma que sin duda dio un ejemplo de trabajo y de esfuerzo en esta contienda.
No obstante, al final no se logró pasar a una etapa de esta justa deportiva, pero de una manera diversa se escuchó como en años pasados, el famosísimo no era penal o incluso una decepción deportiva.
La diferencia reside entre otras cuestiones, en la justicia del partido el saber que se realiza una acción y que si bien no se obtiene el resultado esperando, no es por una cuestión que atañe un hecho indebido.
Contrario a ello, podemos observar qué paso en el partido de Egipto, que no solamente ha diezmado la confianza en una institución deportiva, sino que generó una verdadera animadversión no solo con su equipo rival sino con los organizadores.
De esa misma forma, una sociedad que responde a una cuestión trivial en comparación con la justicia cotidiana o con procesos respecto del patrimonio o la libertad, estos sin la justicia que demuestre y pacifique a la sociedad, genera el mismo encono y la misma animadversión que un partido mal arbitrado o por lo menos, nublado en su realización.
En tal sentido, solo cuando la justicia permea, los procesos de satisfacción de una verdad y la garantía de los derechos, puede salvaguardar la seguridad de un Estado.
Lo anterior en virtud de que, solo a través de estos procesos que garantizan la justicia, pueden pacificar una sociedad que busca mediante las instituciones del Estado, garantizar sus derechos y solo a través de las mismas tiene permitido satisfacer esa necesidad de una justicia que de cualquier otra forma no se pudiera obtener.
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