En la revisión de los temas coyunturales encuentro algunos que resultan de sumo interés. Sin embargo, no me es posible abducirme del muy lamentable acontecimiento que cimbró a la sociedad mexicana en días pasados.
Me refiero al multihomicidio que ocurrió en el estado de México presuntamente por el adeudo de una cantidad de dinero. Lo que desató la irracionalidad de una persona para cometer una barbaridad.
Mi reflexión al respecto tiene que ver con el despliegue informativo del hecho. Teniendo en cuenta que todavía hay piezas por conocer, lo que sabemos hasta ahora es algo apocalíptico. La ira de una persona que es capaz de asesinar a una mujer embarazada, una niña de tres años, una empleada doméstica y la mascota.
Con esos tintes, el tratamiento de la nota fue ampliamente difundido por todos los medios. Dando énfasis a la crueldad del presunto culpable. Pero me parece pertinente poner sobre el debate público un elemento que está ahí de manera tácita.
Me refiero a la cosmovisión del presunto responsable ¿Por qué se le hizo tan fácil cometer esta atrocidad? ¿Creyó que el sistema de justicia era tan deficiente que no revisarían el celular de la víctima o las cámaras de seguridad? ¿Trató de huir?
Habría que analizar las declaraciones de quien es señalado por las autoridades, pero lo que podemos deducir es que estamos frente a una persona muy inocente, confiado o quizá, con alguien muy soberbio.
Otra persona hubiera tenido ciertas precauciones para tratar de evadir la justicia. Pero el supuesto socio del ahora occiso no tuvo ningún cuidado. Lo suyo fue literalmente la venganza contra la familia, sin medir las consecuencias.
Ojalá que la justicia sea implacable con quien o quienes resulten responsables. Porque en un caso tan mediático sino se aplica la ley con rigor, se sienta un mal precedente. Aunque la sociedad ya juzgó por adelantado este crimen, faltaría ver la decisión de las autoridades al respecto.
