Por Luis G. Ortiz

Mientras buena parte de la atención pública se concentra en la dinámica política cotidiana, México se acerca a una de las negociaciones económicas más importantes de los próximos años: la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Aunque para muchos pueda parecer un tema lejano, sus efectos pueden reflejarse en aspectos tan concretos como el empleo, la inversión y el crecimiento económico. Después de todo, una parte importante de la actividad productiva del país, depende de la relación comercial que México mantiene con sus socios de América del Norte.

La revisión del acuerdo llega en un momento de incertidumbre internacional. La desaceleración económica en distintas regiones, las tensiones comerciales entre potencias y la posibilidad de nuevas medidas arancelarias, han generado inquietud entre inversionistas y mercados. En ese contexto, la estabilidad de los acuerdos comerciales adquiere una relevancia aún mayor.

México enfrenta esta etapa con ventajas importantes. La cercanía con Estados Unidos, la integración productiva desarrollada durante décadas y el interés de numerosas empresas por acercar sus operaciones al mercado norteamericano, han colocado al país en una posición privilegiada frente a otras economías.

Sin embargo, la próxima revisión del T-MEC tampoco se desarrolla en un ambiente de absoluta tranquilidad. En los últimos meses han resurgido posturas políticas y económicas en Estados Unidos, que plantean una revisión más estricta de las reglas comerciales de la región. La posibilidad de nuevos aranceles y mayores exigencias para algunos sectores productivos, ha vuelto a introducir incertidumbre en los mercados.

Las oportunidades, por sí solas, no garantizan resultados.

La competencia global por atraer inversiones es cada vez más intensa. Industrias relacionadas con la inteligencia artificial, los centros de datos, los semiconductores y la manufactura avanzada buscan países capaces de ofrecer infraestructura, seguridad, energía suficiente y, sobre todo, certidumbre. En esta nueva realidad económica, la ubicación geográfica sigue siendo una ventaja, pero ya no es suficiente.

Es precisamente ahí donde aparece uno de los principales desafíos para México. Más allá de las negociaciones comerciales, el país continúa enfrentando retos internos que influyen directamente en la confianza de quienes deciden invertir. La seguridad, la modernización de la infraestructura, la disponibilidad de energía y la capacidad para generar condiciones estables siguen siendo factores determinantes para el desarrollo económico.

La revisión del T-MEC representa una oportunidad para fortalecer la posición de México dentro de una de las regiones económicas más importantes del mundo. Sin embargo, también obliga a reflexionar sobre la capacidad del país para aprovechar el momento que tiene frente a sí.

El desafío para México no consiste únicamente en mantener un acuerdo comercial, sino en demostrar que puede convertirse en un destino confiable para la inversión y el desarrollo.

La pregunta queda abierta: ¿será esta revisión del T-MEC el punto de partida para consolidar el crecimiento económico de México o la confirmación de que el país, sigue sin aprovechar plenamente su potencial?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *