El pasado 3 de agosto se conmemoró el inicio de la guerra cristera en nuestro país, un suceso que cambio el panorama de nuestro México.

En primer lugar, lo que culminó como una disputa armada inicio con reformas a la Constitución y a diversas leyes, que suprimían libertades al clero, finalizando con un conflicto armado que se llevó la vida de cientos de miles de personas.

Un ejemplo de la discusión existente entre la laicidad y la libertad religiosa, fue la prohibición de la educación católica en el país.

Si bien es cierto la laicidad en la educación, es un derecho constitucional que no implica una prohibición para que las personas que decidan educarse bajo una religión en específico, se les impida por ese simple hecho.

La idea de la libertad religiosa se robustece con la laicidad del Estado, puesto que mientras el gobierno y el Estado como institución no forman parte de ningún grupo religioso, tienen la obligación de garantizar la libertad de credo de las personas de un país.

Hoy estas ideas de laicidad y respeto a la libertad religiosa, han generado un país no solamente diversificado sino garante de los derechos de las personas, donde la educación es garantizada por el Estado y las personas pueden sin temor alguno, poder ejercer el culto que consideren.

La división que se vivió durante ese tiempo en nuestro país, no solamente generó un daño en la sociedad sino en las propias instituciones e incluso en el tejido social, que envuelto en una nueva lucha armada, generó consecuencias que hasta hoy pueden ser observadas.

En tal sentido, cuando un Estado genera normas que en poco garantizan derechos y en general limitan libertades, la consecuencia siempre ha sido un desgaste nacional que en gran medida deteriora a la sociedad y al país.

jfernandoge1@gmail.com

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