Tener ceguera o debilidad visual no los limita para aprender, trabajar o salir a la calle. Lo que los limita es una sociedad que les cierra las puertas.

Así lo denunciaron Evelyn Ríos Estefes y Javier Orduña Ortega, encargados del proyecto “Recorriendo Realidades”, colectivo que agrupa a personas con discapacidad visual y que recientemente realizó un tour turístico por Tulancingo para visibilizar los obstáculos que enfrentan todos los días.

“Somos personas que tenemos la capacidad e incluso la preparación para desempeñar ciertos trabajos en forma eficiente, pero las puertas se nos cierran al momento de pedir empleo, inscribirnos a las escuelas o en la vida cotidiana, como en el transporte público”, puntualizaron.

De acuerdo con el INEGI, en México solo alrededor del 30% de las personas con alguna discapacidad logran un empleo digno, mientras que más de 70% enfrenta desempleo o inactividad. En 2023, apenas 102 mil 285 unidades económicas en todo el país contrataron al menos a una persona con discapacidad, de más de siete millones de empresas existentes.

Ríos Estefes explicó que uno de los mitos más dañinos es pensar que una persona ciega no puede ser productiva.

“Tenemos abogados, masajistas, músicos, telefonistas, emprendedores. Manejamos lectores de pantalla, bastón, braille. Lo que nos falta no es capacidad, es oportunidad. Vas a pedir trabajo y con solo ver el bastón te dicen que no hay vacantes”, lamentó.

En tanto, Javier Orduña agregó que la exclusión empieza desde la escuela: “Muchas de estas no quieren recibir a niños ciegos porque dicen que no tienen maestros capacitados. Los mandan a educación especial, aunque ellos podrían estar en una escuela común con ajustes razonables”.

El proyecto “Recorriendo Realidades” nació precisamente para eso: para que la gente que sí ve, entienda cómo se vive sin ver.

El tour por Tulancingo se hizo con los ojos vendados. Los participantes tuvieron que cruzar calles, identificar banquetas y pedir ayuda. “La gente se desesperó a los 10 minutos. Eso vivimos nosotros todos los días”, señaló Orduña.

“No pedimos lástima, pedimos piso parejo. Queremos que nos vean como ciudadanos con derechos, no como una carga”, concluyeron.

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