La contaminación auditiva en el primer cuadro del municipio divide opiniones entre sus habitantes, aunque una clara mayoría ya la percibe como un problema que debe atender la autoridad correspondiente.

De acuerdo con un sondeo ciudadano realizado recientemente en el corazón de la ciudad, el 75 por ciento de los consultados considera que los niveles de ruido en el centro histórico son excesivos.

De las nueve personas entrevistadas, siete manifestaron preocupación por el impacto acústico diario e identificaron como principales fuentes de saturación los escapes de motocicletas, el perifoneo comercial y los establecimientos que utilizan bocinas.

Las dos personas restantes ofrecieron una perspectiva distinta al considerar que el ruido forma parte de la identidad y la cultura de un centro histórico.

Más allá de estas diferencias de percepción, el marco legal del municipio establece límites claros.

El artículo 78 del Reglamento para la Protección al Medio Ambiente de Tulancingo fija un máximo de 68 decibeles para el comercio establecido en un horario de 09:00 a 22:00 horas.

Además, las unidades de perifoneo tienen prohibido permanecer estáticas en la vía pública para evitar la concentración de ruido en un solo punto y deben contar con un permiso expedido por las autoridades.

En menor medida, algunos participantes también señalaron el espectáculo de payasos que se presenta los domingos.

Uno de los entrevistados indicó que el ruido alcanza incluso el interior de la Catedral Metropolitana de Tulancingo.

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