Por Luis G. Ortiz

El orden internacional atraviesa una etapa de profundas transformaciones. Las tensiones entre potencias, los conflictos armados y la competencia económica están modificando las relaciones entre los países. En este escenario, Europa enfrenta desafíos políticos y económicos que también pueden tener repercusiones para México.

Las diferencias sobre el gasto público, la seguridad energética y el apoyo a Ucrania reflejan las dificultades que enfrenta Europa, para responder a un entorno internacional cada vez más complejo. A ello se suman las tensiones sociales relacionadas con el costo de vida y la vivienda, que ponen a prueba la capacidad de los gobiernos para mantener la estabilidad y la confianza ciudadana.

¿Dónde entra México en este panorama? La respuesta está, en buena medida, en el comercio y la inversión. La Unión Europea fue uno de nuestros principales socios comerciales en 2025, con un intercambio de bienes cercano a los 87 mil millones de euros. Una desaceleración económica europea o nuevas barreras comerciales, podrían afectar determinadas exportaciones e inversiones mexicanas, mientras que las tensiones internacionales también pueden presionar los costos de la energía y el transporte.

Pero el desafío va más allá de la economía. La competencia entre las grandes potencias está llevando a los países a proteger sus industrias, asegurar recursos estratégicos y revisar sus alianzas.

Para México, esto representa tanto un riesgo como una oportunidad: fortalecer sus vínculos con Europa y diversificar sus mercados puede ampliar sus opciones comerciales y reducir ciertas dependencias.

La modernización de la relación entre México y la Unión Europea abre posibilidades en esa dirección, aunque aprovecharlas exige condiciones internas favorables, como seguridad, infraestructura y certidumbre para la inversión.

En un mundo donde las decisiones de una potencia pueden repercutir a miles de kilómetros, México necesita una estrategia que combine una política exterior firme con una economía competitiva. Comprender los cambios internacionales no es un lujo diplomático, sino una condición para defender los intereses nacionales.

¿Está México preparado para convertir la incertidumbre mundial en una oportunidad?

* Las opiniones expresadas por columnistas y colaboradores son de su exclusiva responsabilidad y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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