Por Aarón Jiménez

El tránsito diario por los accesos que conectan a Tulancingo con la región expone sin rodeos el abandono estructural que padecemos en materia de movilidad y seguridad. Basta con transitar por la Bajada de San José, sobre la carretera Pachuca-Tuxpan, para constatar el inminente peligro al que estamos expuestos todos los días: la constante voladura de llantas provocada por baches profundos e imperfecciones no es un hecho aislado, sino una amenaza permanente que destroza el patrimonio familiar y arriesga la vida de conductores y pasajeros.

Quedar varado a alta velocidad por un neumático reventado en este tramo, representa una trampa mortal de consecuencias fatales.

​La dimensión del riesgo quedó dolorosamente evidenciada este fin de semana con el trágico accidente en el que un motociclista perdió la vida. A esta irreparable pérdida, se suman los constantes percances de tránsito pesado, el deterioro acumulado del pavimento y los severos bloqueos por operativos, consolidando un punto rojo histórico que estrangula la entrada a nuestra ciudad.

​Frente a este escenario de alto riesgo, la tónica constante ha sido la falta de atención y el desinterés de las autoridades municipales. Promesas van y vienen en el discurso, pero en los hechos, reina una pasividad alarmante.

Resulta inaceptable que el gobierno local intente lavarse las manos, escudándose en la competencia federal de la vía para justificarse y no intervenir. La seguridad, el patrimonio y la vida de las y los tulancinguenses, se ponen en juego en nuestro propio municipio; evadir el problema mediante la omisión técnica y política, solo evidencia una falta absoluta de empatía y de gestión real con las necesidades de la gente.

​Abordar la Bajada de San José exige cambiar la óptica con la que se ha tratado esta crisis. No podemos seguir observando este tramo desde el morbo de la nota roja ni como una simple estadística de accidentes inevitables.

Tampoco podemos permitir que la autoridad municipal mantenga una postura de simple espectadora. La problemática debe visibilizarse desde la crítica social firme, la exigencia de una presencia institucional que no abandone a sus ciudadanos y un llamado urgente a la prudencia y conciencia vial de la propia comunidad.

​Tulancingo no puede seguir pagando el costo de la indolencia ni resignarse a que sus entradas principales, sean sinónimo de peligro e incertidumbre. Prevenir muertes, evitar el menoscabo del patrimonio familiar y garantizar vialidades dignas requiere pasar del pretexto a la atención prioritaria.

​¿Has vivido el peligro o sufrido daños en la Bajada de San José? Te leo en mis redes sociales para seguir dialogando e imaginando juntos el Tulancingo que merecemos.

Facebook: AaronJimenezH

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