Por Aarón Jiménez
Entre el 8 y el 18 de octubre se abre un periodo crucial para la vida política local. La convocatoria para el registro de quienes aspiran a las coordinaciones municipales de la Cuarta Transformación, marca el inicio formal de un engranaje territorial que definirá el rumbo de nuestras comunidades.
Más allá de un trámite administrativo en línea, este proceso plantea una pregunta obligada para Tulancingo: ¿qué tipo de liderazgo necesita nuestro municipio para encarar los retos de los próximos años?
La apertura del registro genera expectativas, pero también activa viejas inercias. Basta con abrir Facebook o recorrer las conversaciones en las calles para notar el sentir ciudadano: predomina el cansancio ante la reaparición de los rostros de siempre.
Se observan perfiles desgastados, «quemados» por el juicio público o por el paso en administraciones pasadas sin dividendos reales, que hoy reaparecen en las redes sociales intentando presentarse como la solución a los mismos problemas que no supieron resolver cuando tuvieron la oportunidad.
Hay que decirlo con todas sus letras: no tienen cabida los «chapulines» profesionales que cambian de sigla en cada elección según sople el viento, ni los oportunistas de última hora que descubrieron su vocación justo cuando se abrió el registro.
Tampoco hay espacio para las viejas figuras desgastadas que ya tuvieron su oportunidad y fallaron, ni para los improvisados que confunden la novedad con la capacidad. La política actual exige romper con esa rotación inerte. Tulancingo no puede permitirse el estancamiento ni la repetición de fórmulas agotadas.
Sin embargo, hay que ser categóricos en un punto: lo nuevo no significa improvisación.
Rejuvenecer las opciones políticas no es un cheque en blanco para el desconocimiento de la función pública. Administrar un municipio, gestionar sus servicios, planear su infraestructura, ordenar el agua y el desarrollo urbano exige rigor, técnica y experiencia demostrada.
La ciudadanía no busca aprendices ni figuras improvisadas que dependan del ensayo y error a costa de los recursos y la tranquilidad del pueblo.
Lo que Tulancingo demanda —y lo que este proceso de selección debería ponderar con mayor firmeza— es una combinación indispensable: frescura con capacidad técnica; madurez de ideas con solidez operativa y solvencia moral.
El verdadero cambio generacional e ideológico no reside en la edad ni en la novedad por el solo hecho de ser inédito, sino en la capacidad de innovar sin perder el piso técnico. Significa saber cómo funciona la administración pública por dentro para corregir lo que está mal, optimizar lo que sirve y construir lo que hace falta.
Este periodo de registros debe ser un filtro riguroso de responsabilidad. Tulancingo requiere perfiles con las manos limpias, la mente abierta a la innovación y el conocimiento firme de la realidad local. Es hora de dejar atrás las figuras agotadas y dar paso a liderazgos que integren lo mejor de dos mundos: la frescura para imaginar un municipio distinto y la experiencia real para hacerlo posible.
Facebook. AaronJimenezH
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