Por Aarón Jiménez

​El debate está servido en cada mesa de Tulancingo. La entrada en vigor de la regulación nacional de la SEP para restringir el uso de teléfonos celulares y dispositivos móviles en las escuelas de educación básica, nos coloca ante una pregunta de fondo: ¿qué tipo de entorno de aprendizaje le estamos ofreciendo a nuestras niñas y niños?

​Bajo la consigna de reducir el acoso digital, combatir la dispersión en las aulas y frenar el hiperconsumo de pantallas, la medida busca recuperar lo esencial: la atención en la clase, la lectura concentrada y el juego real en el recreo.

​Entiendo bien la postura de las madres y padres de familia. En un entorno donde la percepción de seguridad preocupa, saber que un hijo lleva un celular en la mochila, brinda tranquilidad. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos ante el diagnóstico que maestras y maestros de nuestro municipio llevan años señalando: el dispositivo se convirtió en un distractor permanente, que fragmenta el aprendizaje y debilita la convivencia cara a cara.

​La tecnología es una herramienta fantástica cuando está al servicio del conocimiento; cuando se transforma en una adicción que sustituye la palabra y la reflexión, se convierte en un freno para el desarrollo humano.

Restringir la pantalla en el aula no es rechazar la modernidad ni imponer un castigo: es un acto de ordenamiento pedagógico indispensable.

​Para que esta disposición funcione en los planteles de Tulancingo, requerimos tres prioridades muy claras:

  • ​Certidumbre y protocolos: Reglas transparentes sobre el resguardo de equipos y canales de comunicación de emergencia impecables entre la dirección escolar y los padres.
  • ​Corresponsabilidad en casa: La norma en la escuela no sirve de nada si en el hogar no educamos en el uso medido y responsable de las pantallas.
  • ​Alternativas reales: Si pedimos apagar el celular, debemos garantizar canchas deportivas dignas, bibliotecas vivas y espacios culturales dentro y fuera de las escuelas.

​Devolverle la concentración, la paz mental y la capacidad de asombro a nuestra niñez es apostar por el futuro de nuestra comunidad. La tecnología debe sumar, no restar.

​¿Tú qué opinas sobre esta medida en las escuelas de Tulancingo? Me interesa mucho leerte.

​Aarón Jiménez

Docente, ingeniero y articulista

Facebook : @AaronJimenezH

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