Por Luis G. Ortiz

Dos años son suficientes para conocer el rumbo de un gobierno. El tercero, en cambio, comienza a exigir resultados.

Este 1 de septiembre inicia una nueva etapa para el Gobierno Federal y para el Congreso de la Unión. Sobre la mesa hay una amplia agenda de reformas, que abordará temas como economía, seguridad, salud y combate a la corrupción. Pero legislar no es lo mismo que resolver.

México sigue enfrentando problemas que no pueden quedarse en el papel. La inseguridad continúa siendo una preocupación para millones de familias, la economía necesita mayor dinamismo, la inversión requiere certidumbre y el combate a la corrupción exige algo más que discursos.

Por eso, este tercer año será una prueba distinta. Ya no basta con hablar de lo que se quiere hacer; la ciudadanía comienza a medir lo que realmente se ha conseguido.

Y mientras el país enfrenta estos retos, dentro de la fuerza política que actualmente gobierna comienzan a hacerse visibles diferencias. Las aspiraciones rumbo a 2027, la definición de candidaturas y la disputa por espacios de poder, empiezan a ocupar cada vez más atención.

Las diferencias internas son normales en cualquier organización política. El problema aparece cuando terminan desplazando las prioridades del país. Mientras algunos comienzan a pensar en la próxima elección, millones de mexicanos siguen preocupados por algo mucho más inmediato: seguridad, empleo, servicios públicos y oportunidades.

El Congreso tendrá también una responsabilidad enorme. Una reforma puede aprobarse y ocupar titulares durante algunos días, pero su verdadero valor se conocerá cuando produzca resultados. Una nueva ley no reduce por sí sola la inseguridad, ni una reforma genera automáticamente empleos.

El verdadero reto será convertir las decisiones y reformas en cambios que la gente pueda ver y sentir.

Este tercer año también pondrá a prueba la capacidad de la fuerza política, que hoy tiene el control de buena parte de la agenda nacional para mantener la unidad frente a sus propias diferencias y a las aspiraciones que inevitablemente crecerán rumbo a 2027.

El tiempo de construir un proyecto ya pasó. Ahora viene lo difícil: demostrar que puede traducirse en resultados y que quienes tienen el poder pueden mantener la mirada puesta en el país, y no solamente en la siguiente elección.

¿Qué terminará definiendo este tercer año: las reformas, los resultados o la lucha por el poder?

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