Si ya sabemos que la inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios, ¿qué es la carestía?
Se refiere a la escasez, falta o altos precios de productos básicos, especialmente alimentos. Ambos conceptos describen el aumento en el costo de vida y reflejan una situación económica complicada.
Ante este escenario, el Gobierno Federal implementó el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), que surgió en mayo de 2022 como una estrategia para proteger el poder adquisitivo de los hogares mexicanos frente a presiones externas, particularmente la guerra entre Rusia y Ucrania.
Esta estrategia incluyó acciones en producción, distribución y comercio exterior, además de medidas complementarias como la estabilización de precios de combustibles, el impulso a la producción de granos y el acceso a insumos agrícolas.
Sin embargo, desde su implementación, el paquete ha intentado contener el alza de precios en 24 productos básicos, pero la realidad, a cuatro años de distancia, es otra: la canasta básica acumula un incremento de 20.48% en esos productos, lo que contrasta con su objetivo original.
¿La razón? Nuevas presiones externas, a las que se suman factores internos. El reciente conflicto entre Estados Unidos e Irán ha generado tensiones económicas globales, particularmente en insumos clave como los energéticos.
La interrupción en los canales de distribución del petróleo ha encarecido en el país el precio de las gasolinas y el diésel, insumos indispensables para el campo. A esto se suma el aumento en el costo de fertilizantes, los efectos del cambio climático y la delincuencia —extorsión, derecho de piso y robos en carreteras—, factores que golpean directamente los pilares de la estrategia: producción, distribución y comercio.
Como resultado, productores y distribuidores han trasladado estos incrementos a los precios finales, impactando alimentos básicos como el maíz, jitomate, papa, cebolla, plátano y leche, entre otros.
Esto complica aún más el costo de vida para los mexicanos. Basta revisar los datos recientes de la línea de pobreza publicados por el INEGI, que han aumentado impulsados por el encarecimiento de la canasta básica.
Entonces, es necesario replantear qué está fallando. Los programas sociales, por sí solos, no han logrado mejorar de fondo las condiciones de vida en el país.
Está bien buscar acuerdos y generar sinergia entre gobierno y empresarios, pero la realidad es clara: lo único que hoy está creciendo para el mexicano es el costo de vivir.

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