El día de ayer anunció Andrés Manuel López Beltrán, su renuncia a la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación federal por Tabasco. Aquella decisión fue comunicada mediante una carta dirigida a Ariadna Montiel Reyes, nueva presidenta nacional del partido.
Este cambió podría ser intrascendente si se tratara de un militante cualquiera, pero resulta que estamos hablando del hijo del expresidente de México y fundador de aquel movimiento, Andrés Manuel López Obrador. Menuda herencia para este perfil que desea escribir su propia historia en la política nacional teniendo el peso de aquel referente.
También tiene su relevancia porque la cartera que deja al interior de su partido, es fundamental. Hay que recordar que la Secretaría de Organización es una posición estratégica para la movilización territorial, la afiliación y la operación partidista rumbo a las elecciones intermedias de 2027.
La apuesta parece aventurada pero no resulta un salto al vacío derivado que la pretensión es competir por un distrito en Tabasco, territorio dominado por el lopezobradorismo desde hace décadas. Como botón de muestra, decir que el actual secretario de Gobierno de aquella entidad, es su tío, José Ramiro López Obrador.
Pero hay algo más en este movimiento. Matices políticos que no están muy a la vista. La renuncia ocurre a menos de un mes de que Ariadna Montiel, asumiera la dirigencia nacional de Morena, en un reacomodo interno que desplazó a Luisa María Alcalde y reordenó la operación electoral del partido gobernante.
La primera lectura sería que López Beltrán no se sintió cómodo con ese cambio y decidió tomar distancia de la dirigencia nacional. En particular, con la llegada de Citlalli Hernández, a la Comisión Nacional de Elecciones, órgano interno de decisión que posiblemente haría sombra al trabajo de quien ayer dimitió.
No se puede pasar de largo otro escenario complejo y rebuscado. La diputación federal le garantiza fuero a López Beltrán, en tiempos donde “las aguas están muy revueltas” y algunos morenistas han sido señalados por vínculos con grupos delictivos.
Aunque desde tiempos lejanos, los hijos de López Obrador han sido señalados por su relación con empresarios vinculados al huachicol fiscal, lo cierto es que hasta ahora no hay pruebas contundentes.
Aunque aquella familia está acostumbrada al golpeteo constante de los opositores. Esta ocasión parece que los cambios que se están realizando, obedecen más a una especie de estrategia para atrincherarse que para participar activamente en la vida pública del país.
Lo cierto, es que el partido mayoritario en México vive una crisis interna donde puede salir fortalecido (por los movimientos citados) o debilitado, por las inercias propias del poder que han propiciado excesos y abusos en sus gobiernos.
Los resultados de la próxima elección será un buen parámetro para saber si las cosas se hicieron a tiempo y se hicieron bien; o por el contrario, si estamos en la antesala de un debilitamiento del partido gobernante.
