Durante muchos años, en tertulias políticas se cuestionaba sobre el destino de Cuba cuando su principal referente revolucionario falleciera. La cuestión era ¿Qué pasará con la isla cuando se muera Fidel Castro?

Lo que vino después de aquel noviembre de 2016, con el deceso del líder cubano no cambió de tajo la ideología del régimen, aunque hay que decir que de manera gradual su hermano Raúl Castro quien encabezó el gobierno 10 años, impulsó una serie de reformas.

Entre ellas, autorizó la compraventa de bienes privados, restableció relaciones diplomáticas con Estados Unidos y limitó el mandato presidencial a un máximo de dos periodos. Con estas modificaciones, Cuba trataba de abrir su sistema político para integrarse a los nuevos tiempos.

No obstante, el embargo económico que mantiene Norteamérica no ha dejado mucho margen de maniobra para la isla. La crisis se ha venido recrudeciendo en los últimos años, hasta llegar a un punto de verdadera asfixia para su mercado interno.

No hay que olvidar que Venezuela ayudaba mucho con Petróleo, hasta que el país hegemónico secuestró a su presidente en funciones, dejando en el desamparo a los caribeños quienes no tienen este recurso para poder explotarlo.    

En esta situación, ya catalogada por muchos como una crisis humanitaria, nos enteramos que Estados Unidos tiene todavía la intención de intervenir aquel territorio con una estrategia militar. Y no solo eso, también aquel gobierno anunció que presentó cargos penales contra el exlíder de la isla, Raúl Castro.

Menuda situación para el pueblo cubano que tendrá nuevamente que lidiar con amenazas externas que complican su día a día, en la que alguna vez se catalogó como la joya del caribe, por su belleza arquitectónica.

La historia de desencuentros entre estos dos países es larga y compleja. No solo sus sistemas económicos son antagónicos, sino que su propia ubicación geográfica les juega en contra porque los separan unos cuantos kilómetros de océano.

No se puede augurar un final feliz en esta tensa confrontación internacional. En Cuba existe un pueblo muy lastimado que ve a sus vecinos como enemigos naturales. Aquellos que generaron las condiciones para que en este momento sea imposible resistir ante la carencia de lo más básico.

Pero también existe un fanatismo bélico de parte de Trump, que pretende revivir fantasmas del pasado. Porque en este momento Cuba no representa una amenaza para el país de las barras y las estrellas.

No tiene ningún sentido geopolítico (una vez que se encuentra diezmado Venezuela), iniciar una invasión a Cuba que solo representa una anécdota en el concierto de las naciones. Lo que se advierte, más bien, es un ánimo de grandeza de Trump por convertirse en el presidente que “termina” con la era socialista en el continente.

Es de pronóstico reservado lo que viene en adelante, lo que conviene ir procesando es el papel que tendrá México en esta coyuntura. Porque nuestra historia refleja solidaridad y afecto para la isla a pesar de la presión de Estados Unidos.

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