Hace unos días en la ciudad de Pachuca, un espacio público que había sido ocupado por la “Fundación Arturo Herrera Cabañas”, fue notificado por las autoridades por incumplimiento en las condiciones de comodato que tenían con el gobierno.
Ya se ha discutido sobre la pertinencia de los dictámenes de protección civil y también de la falta de mantenimiento del lugar, que tiene más de cien años sin ser rehabilitado como exige un inmueble de esas características.
También, se ha comentado que las personas que realizaban actividades culturales en ese lugar, son altamente valoradas por su trabajo y que requieren para ese efecto, apoyos y estímulos para su comunidad.
Pero, poco nos hemos centrado en el discurso de algunos radicales que han encontrado en este Particular, el pretexto perfecto para exacerbar los ánimos de algunos artistas que se dicen vulnerados por la acción.
Primero hay que enfatizar que no ha existido -hasta el momento – un despojo ni menos un desalojo de las personas que ocupan aquella casona histórica. Lo único que hay es una notificación, en la que se expresa que dentro del lugar hay una cafetería con uso comercial. Ese hecho detonará un procedimiento administrativo que puede tener varios desenlaces.
De tal suerte que tomar la bandera de que el gobierno está atentando contra la cultura, los artistas independientes, violentando a los creadores, cerrando espacios, en fin; no sólo es una invención, sino un despropósito.
La postura de todo o nada, patria o muerte, si no estás conmigo estás contra mí, no tiene cabida porque estos asuntos deben resolverse con criterios técnico. Aquí no caben fabulaciones o complots político – culturales, solo se trata de salvaguardar las condiciones de un inmueble y una comunidad sin necesidad de llegar a la inmolación de nadie.
Pero eso parece no importarles a unas voces que tomaron esto como una lucha personal. Se llevó el tema al Congreso para hacer un recuento de quienes tienen más o menos derecho a opinar del tema. Se ha querido correlacionar este asunto con los valores de la izquierda, la relación del gobierno con la comunidad artística, la impureza de algunos servidores públicos con la cuarta transformación.
Este discurso desbordado confronta a quienes hasta hace poco tiempo se estrechaban la mano reconociéndose como compañeros de causa. Y deja muy abierta la puerta para que los verdaderos adversarios de Morena se froten las manos porque el divisionismo parece más presente que nunca.
Todos los que comulgan con aquellas causas deberían de hacer un ejercicio interno para reconocer en dónde se encuentran sus lealtades y compromisos políticos, y si la construcción de un nuevo museo en la ciudad es motivo suficiente para reacomodar sus valores democráticos.
Porque es muy válido discernir y criticar las decisiones del gobierno, pero para hacerlo con toda la holgura hay que desprenderse de aquella ceguera bolchevique donde no cabían medias tintas. La madurez de unos y otros exige tratar este tema con amplitud de miras matizando los radicalismos de los que siempre buscan la confrontación.
