El 1° de mayo se conmemora la lucha histórica por los derechos laborales, en honor a los Mártires de Chicago de 1886.

Esta fecha no es de festejo; guarda el eco de una demanda constante por mejores condiciones de trabajo, mayor remuneración y la reducción de la jornada laboral.

En México, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha reconocido que el mercado laboral está en constante transformación y, atendiendo esta exigencia, ha comenzado de manera gradual la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas.

Con ello, se busca mejorar la calidad de vida de las y los trabajadores, incrementando la productividad y la salud mental al disminuir el estrés y la fatiga. Entre los beneficios destacan un mejor equilibrio entre la vida personal y laboral, mayor motivación, menor rotación de personal en las empresas y una reducción en los accidentes laborales.

Sin duda, es un paso importante, pero no representa el final del camino ni la solución a todas las demandas del mercado laboral.

Existen retos estructurales, tecnológicos y de coyuntura que deben atenderse con urgencia. Entre ellos, la alta informalidad —hoy el 55% de la población ocupada se encuentra en esta condición—; las brechas de género persistentes, que reflejan desigualdad en oportunidades y salarios; y la creciente amenaza al empleo formal derivada de la digitalización, la automatización y la inteligencia artificial, que exigen una rápida adaptación y capacitación. La pregunta es inevitable: ¿realmente estamos preparados?

También hay retos fundamentales que hoy están cobrando factura en la economía, desplazando incluso los efectos positivos de medidas como el incremento al salario mínimo. Nos referimos a la estructura empleadora, particularmente a las pequeñas y medianas empresas. Si no se fortalecen ni se generan condiciones para su crecimiento e inversión, los cambios normativos solo terminan presionando sus costos operativos, generando resultados contrarios a los esperados.

La movilidad laboral y la evolución del trabajo siguen impactando en la baja calidad del empleo y la productividad, porque aún no se comprende que un verdadero ajuste en el mercado laboral debe venir acompañado de un ajuste tributario (reforma fiscal) y de un impulso a la inversión (política industrial), de forma estructural y transversal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *