Por Luis G. Ortiz
Hay fines de semana tranquilos y hay otros en los que la política parece obligar a sacar el extintor.
Este fue uno de ellos. En cuestión de horas, distintas decisiones y acontecimientos pusieron a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones y volvieron a colocar la política en el centro de la conversación.
Uno de los episodios que más llamó la atención ocurrió en Sinaloa. Después de 112 días de licencia, el gobernador regresó al cargo. Sin embargo, poco más de un día después volvió a solicitar licencia por tiempo indefinido, misma que fue aprobada por el Congreso estatal.
El hecho generó preguntas y obligó a las instituciones a reaccionar rápidamente. Más allá de las razones que llevaron a este cambio, lo importante ahora es lo que viene para Sinaloa.
El estado necesita certeza, continuidad y una autoridad que pueda concentrarse en atender los problemas que enfrentan sus ciudadanos. La gobernabilidad no puede depender de decisiones que cambien de un día para otro; requiere instituciones firmes y capaces de dar estabilidad incluso en momentos complicados.
Por eso, el siguiente paso será fundamental. La persona que quede al frente del gobierno estatal, tendrá el reto de recuperar confianza, mantener la continuidad y evitar que la incertidumbre política se convierta en un problema mayor.
Al final, los cargos son temporales, pero las instituciones deben permanecer.
Este fin de semana dejó una lección sencilla: en política, una decisión puede tomarse en horas, pero sus consecuencias pueden durar mucho más.
Apagar un incendio puede resolver el problema del momento; evitar que vuelva a comenzar es la verdadera prueba.
¿Esta Sinaloa ante una oportunidad para recuperar la estabilidad o frente al comienzo de un nuevo capítulo de incertidumbre?
