Una vez que se lleva a cabo el informe del gobernador del estado de Hidalgo, existe un periodo de tiempo para que los diputados locales analicen la información vertida en aquel ejercicio de rendición de cuentas. Concluido este lapso de tiempo, los representantes populares puedan llamar al gabinete para extender la información sobre el estado que guarda la administración pública. 

Esta práctica legislativa es conocida como comparecencias. Es decir, conocer en extenso lo que los funcionarios estatales han realizado en sus respectivas responsabilidades en el transcurso de un año.

De tal manera que en octubre veremos a las y los secretarios del gabinete en el Congreso Local para responder cuestionamientos de los legisladores. Y de esta manera, realizar un debate sobre las acciones y decisiones de la administración pública.

Aunque los funcionarios son convocados por los diputados, en los últimos cuatro años, se ha hecho costumbre que acuda todo el gabinete y no dejar espacio a la opacidad.

Los ejercicios anteriores han transitado con normalidad. Quizá lo más complejo tuvo que ver con una interrupción al procurador Francisco Fernández Hasbun, cuando estaba exponiendo sus temas. Una mujer, víctima de un delito se manifestó pacíficamente en el recinto y después de un receso continuó el ejercicio mencionado.

Sin embargo, este año hay dos elementos adicionales que también pueden abonar al debate y a la naturaleza de las comparecencias. Por principio, algunos diputados están buscando la reelección y aunque el proceso electoral ocurre a medidos del 2027, los tiempos apremian para consolidar esas intenciones.

Por otro lado, algunos funcionarios estatales también tendrán alguna pretensión de participar en aquel ejercicio comicial. Por tanto, para los legisladores como para los funcionarios, la tribuna política que representa la comparecencia es insustituible.

Ojalá que esos ímpetus de notoriedad no se confundan con agresiones verbales o descalificaciones porque existen muchas acciones, logros, apoyos del gobierno que vale la pena reconocer, así como pendientes que ameritan una discusión seria.    

Es muy válido el desacuerdo, cual más si el lugar en donde se desarrolla el ejercicio es un parlamento, pero nunca está de más la visión de altura y el manejo de los datos sin inclinaciones o deformaciones ideológicas.

El año pasado, en la comparecencia del titular de Planeación y Prospectiva, Miguel Tello fue cuestionado por su actividad tan intensa en redes sociales en horario laboral y, en particular, por una dinámica que se instrumentó a través de esos medios para tomar decisiones.

Ese señalamiento fue atendido por el funcionario, pero se desaprovechó la posibilidad de cuestionar otros proyectos de gran calado donde esa unidad tiene una amplia responsabilidad. En suma, los desencuentros personales escalaron haciendo que la atmósfera se tornara enrarecida.

Este año, hay muchos elementos para anticipar que tendremos un debate acalorado. Las cuestiones políticas están muy presentes en los anfitriones y en los invitados. Solo pedir a unos y otros un parlamento a la altura de las circunstancias.

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