Por Aarón Jiménez
La reciente reforma electoral que rediseña los cabildos en nuestro estado, no es un simple ajuste aritmético; es una reingeniería administrativa que impactará directamente en la operatividad de los municipios de Hidalgo.
Para Tulancingo, esta transición representa un cambio de fondo: pasaremos de una estructura actual de 22 integrantes —conformada por la presidencia, dos sindicaturas y 19 regidurías—, a un esquema de 17 posiciones, eliminando una sindicatura y reduciendo el cuerpo de regidores a 15.
Desde la óptica de la gestión pública, no estamos ante una pérdida de representatividad, sino ante una oportunidad de especialización operativa.
La ingeniería administrativa nos enseña que el incremento desmedido en el número de integrantes, tiende a diluir la responsabilidad y ralentizar la toma de decisiones.
Al transitar hacia un Cabildo de 17 miembros, el Ayuntamiento se ve obligado a enfocarse, por necesidad legal y operativa, en la productividad técnica.
Este ahorro proyectado en el Capítulo 1000 del presupuesto, ya no debe ser visto como un recurso disponible para el gasto corriente, sino como una bolsa que, bajo el espíritu de la nueva norma, deberá redirigirse en infraestructura básica.
Un gobierno municipal moderno se mide por su capacidad de optimizar su propio diseño institucional. La reducción de posiciones debe ser el primer paso hacia una profesionalización donde la eficiencia técnica supere a las viejas inercias.
Imaginemos Tulancingo como una ciudad donde el diseño de su gobierno facilite la solución de problemas complejos como el agua y la movilidad. La reforma nos brinda el marco legal, pero la ejecución depende de la capacidad de quienes liderarán el municipio.
Estaremos atentos a que este cambio sea, en los hechos, una mejora real para nuestro futuro.
Me interesa mucho conocer tu opinión sobre este nuevo esquema para nuestro municipio.
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