“La extracción, el manejo y el uso de recursos biológicos sin los debidos permisos ni protocolos, se puede considerar como una biodiversidad pirata, sin realizar un análisis y un aprovechamiento adecuado”, advirtió Tania Raymundo Ojeda, investigadora del Instituto Politécnico Nacional, adscrita a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas dentro del Departamento de Botánica.

Esto al referirse a los productores de hongos en el municipio de Acaxochitlán, donde existen mujeres de la región llamadas “nanacateras”, quienes conocen cuáles de estas 300 especies son comestibles y cuáles son tóxicas.

Agregó que, cuando se extraen, manejan y utilizan recursos biológicos sin los debidos permisos, protocolos y análisis científicos, se incurre los riesgos en la salud se incrementan y en contraste, para los productores de la región, pueden representar pérdidas económicas.

La especialista, quien ha liderado equipos científicos para el descubrimiento de nuevas especies de hongos mexicanos, explicó que este fenómeno va más allá del saqueo.

La biopiratería es entendida como la apropiación o patentización de recursos genéticos y bioquímicos, provenientes del conocimiento indígena, principalmente, sin consentimiento ni beneficio para las comunidades de origen.

El municipio de Acaxochitlán es uno de los puntos más ricos del país en diversidad fúngica y uno de los más vulnerables a esta práctica.

En el tema específico de la producción de hongos en Acaxochitlán, Raymundo Ojeda señaló que hay quienes creen conocer todas las especies y la realidad es que hay muchas que se parecen entre sí.

“Hay hongos comestibles y hongos tóxicos que son prácticamente idénticos a simple vista. Se requiere formación taxonómica, molecular y de microscopía para diferenciarlos. No es solo conocimiento empírico”, puntualizó.

La investigadora subrayó que el problema no es menor. “Más que ver esta situación como que nos están quitando nuestros recursos quienes se llevan estos cultivos en forma pirata, ponen en riesgo la salud humana”.

Estudios realizados en la región documentan que incluso hongos considerados comestibles del género Amanita —muy apreciados en el mercado de Acaxochitlán— han mostrado en análisis moleculares perfiles genotóxicos positivos, lo que justifica la necesidad de evaluar su toxicidad antes de su comercialización.

Por ello, la especialista llamó a regular la colecta, a respetar los ciclos biológicos del bosque y a que cualquier aprovechamiento con fines comerciales, gastronómicos o de investigación se haga con permisos de la SEMARNAT, con acompañamiento de instituciones científicas y con la participación de las comunidades locales, poseedoras del conocimiento tradicional.

“La biodiversidad pirata, no solo despoja a los pueblos de su patrimonio biocultural, sino que puede convertir un alimento ancestral en un riesgo letal”.

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