Por Luis G. Ortiz
Durante los últimos años, América Latina parecía inclinarse hacia la izquierda. En distintos países de la región, llegaron al poder gobiernos con discursos de cambio, transformación social y una mayor atención a las desigualdades. Sin embargo, el mapa político comienza nuevamente a cambiar y el péndulo parece moverse en otra dirección.
Brasil es quizá el ejemplo más claro. La elección del pasado domingo dejó a las fuerzas de derecha al frente en la primera vuelta, aunque por un margen muy cerrado, por lo que la presidencia todavía tendrá que definirse en una segunda jornada.
Más allá del resultado final, lo ocurrido muestra que incluso en uno de los países que durante los últimos años había mantenido un importante respaldo a la izquierda, existe hoy una disputa mucho más equilibrada.
Y Brasil no es un caso aislado. En los últimos años, distintos países latinoamericanos han optado por gobiernos de derecha o de centro derecha, modificando un mapa político que hace no mucho tiempo parecía tener una marcada tendencia hacia la izquierda.
Pero sería demasiado fácil decir que América Latina simplemente se está volviendo de derecha. El fenómeno parece ser mucho más complejo. En buena parte de la región, los ciudadanos están votando también en función de su experiencia cotidiana: la inseguridad, el costo de vida, la falta de oportunidades, el crecimiento económico y la percepción de que los gobiernos no están dando las respuestas esperadas.
En ese sentido, más que un cambio definitivo de ideología, podría estar ocurriendo un cambio en la manera de votar. Cuando un gobierno no cumple las expectativas, el ciudadano busca otra opción. Y si esa alternativa tampoco responde, el péndulo vuelve a moverse.
La lección para cualquier gobierno debería ser clara: ganar una elección no significa recibir un cheque en blanco. Las sociedades latinoamericanas parecen tener cada vez menos paciencia con los discursos y mayor exigencia frente a los resultados.
Quizá América Latina no esté abandonando una ideología para abrazar otra. Tal vez simplemente está buscando nuevas respuestas a problemas que llevan demasiado tiempo sin resolverse.
¿Estamos ante un verdadero cambio ideológico en América Latina o ante un electorado que, cansado de promesas incumplidas, decidió volver a mover el péndulo?
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