La marcha por el orgullo LGBT+ realizada el pasado fin de semana en Tulancingo contó con el acompañamiento del Colectivo Teresa de Cepeda y Ahumada, así como de contingentes de madres buscadoras y familiares de personas desaparecidas.

Más de 200 personas se reunieron en el centro de la ciudad para exigir a las autoridades acciones efectivas que frenen la discriminación y las desapariciones.

Durante el recorrido del sábado 20 de junio, los contingentes hicieron un alto en la esquina de las calles Libertad y 21 de Marzo para guardar un minuto de silencio en memoria de las personas desaparecidas.

Al concluir la marcha, en el Centro Cultural Ricardo Garibay, integrantes de la comunidad LGBT+ de Tulancingo manifestaron su solidaridad con las madres buscadoras y familiares de desaparecidos.

Señalaron que acompañan su causa porque la violencia que arrebata y desaparece personas no les es ajena.

Expusieron que en Tulancingo conviven estudiantes, trabajadores, comerciantes y artistas que marchan junto a quienes transforman el dolor en lucha.

También reconocieron la labor del Colectivo Teresa de Cepeda y Ahumada y de los colectivos de búsqueda, al considerar que la indiferencia de las autoridades y el silencio han contribuido a agravar esta problemática.

Por ello, sumaron su voz a la exigencia de justicia al sostener que no puede existir orgullo en un país con fosas y que no habrá justicia hasta que todas las personas desaparecidas regresen a casa con vida.

Asimismo, demandaron a los tres órdenes de gobierno garantizar justicia, verdad y búsqueda inmediata.

También pidieron a las procuradurías y comisiones de búsqueda emprender acciones reales, inmediatas y libres de revictimización, además de poner fin a las carpetas archivadas y a la simulación.

Entre sus planteamientos incluyeron la creación de espacios de atención médica y psicológica con perspectiva de género y libres de discriminación.

Finalmente, hicieron un llamado a las personas responsables de la administración pública para que cumplan sus funciones con apertura, empatía y responsabilidad social.

A la jerarquía eclesiástica le solicitaron respetar el Estado laico y contribuir al diálogo desde el ámbito que le corresponde.

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