La canasta básica es el conjunto de productos alimentarios y no alimentarios —como servicios esenciales de higiene, salud y transporte—, indispensables para que una persona o familia cubra sus necesidades básicas de subsistencia y bienestar.
A través de ella se puede medir el costo de vida, la inflación y la línea de pobreza en el país, además del impacto de las políticas económicas implementadas por cada gobierno en turno.
En el caso específico de la canasta básica alimentaria, recientemente el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Guadalajara, publicó un estudio en el que señala que, entre agosto de 2018 y marzo de 2026, el costo de la canasta básica alimentaria creció 67%, muy por encima del 45% que aumentó la inflación en el mismo periodo.
Es decir, los datos indican que con el gobierno de la llamada 4T (Cuarta Transformación), comer es 67% más caro, evidenciando un deterioro en el costo de los alimentos que afecta de manera desproporcionada el poder adquisitivo de los hogares, especialmente de quienes menos tienen.
¿A qué se debe este incremento en el precio de los alimentos?
De acuerdo con la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), el principal problema es que los aumentos no han sido uniformes, sino que han golpeado directamente productos esenciales para la alimentación.
Tan solo de un mes a otro se registran incrementos en jitomate, con aumentos de hasta 60.33%; limón, 20.14%; tomate verde, 10.22%; pollo, 4%; papa, 4%; carne de res, 10.2%; o la tortilla, que ya cuesta entre 2 y 4 pesos más por kilogramo.
El impacto acumulado de estos incrementos ya se refleja directamente en el gasto mensual de las familias. El ITESO señala que una persona que vive en una zona urbana necesita hoy alrededor de 2,571 pesos mensuales para cubrir únicamente su alimentación básica; en 2018, el costo era de aproximadamente 1,500 pesos.
Para quienes habitan en zonas rurales, la canasta básica alimentaria podía adquirirse en 2018 con cerca de 1,150 pesos mensuales; hoy se requieren alrededor de 1,940 pesos.
Las razones de fondo detrás de estos incrementos ya las hemos comentado en más de una ocasión en este espacio de opinión: factores climatológicos, productores aun recuperándose de largos periodos de sequía, falta de apoyos y acuerdos fallidos con el gobierno federal —como los conflictos del año pasado que llevaron al cierre de carreteras o el reciente caso de Zacatecas—, además de problemas de inseguridad, extorsión, intermediarios y mayores costos de producción.
A esto se suman combustibles más caros —México importa cerca del 60% de las gasolinas que consume— y fertilizantes más costosos —de los cuales se importa aproximadamente el 70%—.
El panorama no es alentador. De acuerdo con la ANPEC, si no se implementan medidas inmediatas de apoyo y contención, los alimentos podrían encarecerse hasta un 40% adicional.
Entonces, la pregunta es inevitable:
¿Y la soberanía alimentaria y el bienestar rural, apá?

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