Previo a la Segunda Guerra Mundial, Venezuela ya era el primer exportador y segundo productor de petróleo del mundo, generando ingresos masivos a un ritmo que la llevó, a mediados del siglo XX, a convertirse en el país más rico de la región, con un notable desarrollo y modernización de su infraestructura.
En la década de los setenta se le conocía como la Venezuela saudita; así como se lee, se le comparaba con Arabia Saudita por su abundancia petrolera, lujo, modernidad y alto nivel de consumo. En 1976, el país nacionalizó el crudo y, con ello, el Estado tomó el control de la industria petrolera mediante la creación de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), convirtiéndose en el eje central de la economía nacional y en la principal fuente de ingresos.
PDVSA era tan grande que para dimensionar su tamaño, llegó a considerarse la segunda corporación más importante del planeta, con altos niveles de eficiencia e importantes inversiones en refinerías en países como Estados Unidos y Alemania.
Sin embargo, a finales de los años ochenta, y pese a los elevados ingresos petroleros, la apuesta total a un solo sector, aunada a políticas de control de precios y a un gasto público desmedido, generó inflación, pobreza y endeudamiento.
Para los años 2000, ya bajo el gobierno de Hugo Chávez, la ruina económica se acentuó mediante un acto de profunda corrupción: el despido, por mandato, de varios miles de empleados —entre ingenieros, geólogos y personal altamente especializado— de la petrolera estatal, sustituyéndolos por políticos y militares leales al movimiento, pero con poca o nula experiencia en la industria.
Esta situación derivó, en los años posteriores y hasta la fecha de esta nota, en resultados como: hiperinflación (548%), pérdida del poder adquisitivo (1 dólar = 336 bolívares; 1 peso mexicano = 18.55 bolívares), escasez de productos básicos, caída del Producto Interno Bruto de más del 70% en una década, migración de millones de venezolanos, informalidad, alta dependencia de importaciones y corrupción generalizada.
¿Trump quiere el petróleo venezolano? La respuesta es no, pero sí es la clave.
Es cierto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo; sin embargo, solo produce alrededor del 2% del petróleo global. Esto se debe a que su industria es obsoleta y su crudo, al igual que el mexicano, requiere procesos más complejos y especializados para su transformación.
La falta de modernización petrolera no fue casual. Tras la nacionalización y la ruptura con empresas estadounidenses, se cerró el acceso a tecnología de punta y se impusieron sanciones que limitaron la venta de su petróleo. ¿El resultado? Un país petrolero importando gasolina.
Entonces, ¿por qué el petróleo es la clave?
Porque el conflicto de fondo sigue siendo Estados Unidos vs China. Al no poder vender su petróleo de forma legal, Venezuela implementó los llamados buques fantasma, comercializando crudo con fuertes descuentos a países como China, Rusia y Cuba, siendo China el principal comprador, con cerca del 80% de ese petróleo.
Este fue el objetivo real de los bloqueos estadounidenses: cortar el flujo de efectivo hacia Venezuela y, al mismo tiempo, limitar el suministro energético y la influencia geopolítica de China. De paso, Cuba quedó también bajo presión estratégica.
Por cierto, el modelo aplicado en Venezuela fue el llamado socialismo. Entonces surge la pregunta:
¿Así como el neoliberalismo, tampoco el socialismo funciona?
¿O el verdadero problema ha sido la ineficiencia, la incapacidad y la corrupción?
¿Trump vs Maduro?; ¿Chavismo vs Maduro? o ¿Estados Unidos vs China?
