El 5 de febrero se conmemora la promulgación de nuestra Constitución, la cual si bien ha recibido una serie de reformas (más de 753), desde que entró en vigor en 1917 hasta el año 2023. Es un documento fundamental para la vida jurídica de nuestro país.

La Constitución es la norma base de cualquier nación, puesto que en ella se plasman no solo los principios fundamentales de los países, sino las ideales, el gobierno, la forma y el propio sentimiento de la nación.

En consecuencia, una Constitución no solo es aquella que regula la vida jurídica y política de un país, sino el fundamento del propio país.

Lo anterior genera que las reformas a la Constitución no solo sean mucho más complejas que otras, sino que en muchos casos y países imposibles de realizarse, puesto que se funda en el hecho de que en un momento y lugar determinado, no puede modificarse la protección de derechos fundamentales protegida en la misma o la esencia misma de la nación.

En tal sentido, existen diversas cláusulas de irreformabilidad, que implican la imposibilidad de modificar, reformar o incluso tocar ciertas partes de su fundamentación legal, como lo es la protección de derechos fundamentales o la forma de gobierno, la democracia o la división de poderes.

Se ha establecido estos procesos ante la histórica posibilidad, que han tenido diversos grupos de modificar sus constituciones para su beneficio, como ocurrió en los gobiernos totalitarios de Alemania o Italia.

En todos los casos, la protección ha derivado en garantía de derechos humanos y de democracia en los diferentes países.

Si bien nuestra constitución no comprende esa cláusula, en ella se encuentra inscrita no solo la protección de nuestros derechos, sino la razón de lucha de nuestra nación y su protección es una obligación patriótica y necesaria en cualquier nación.

jfernandoge1@gmail.com

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