Las manifestaciones en Irán no han sido tan importantes desde su última revolución y con ello, podemos percatarnos de un posible cambio de régimen en quien se ha identificado como un férreo opositor de nuestro vecino país del norte y sus aliados.
Irán y su actual régimen de gobierno se ha caracterizado por una violación sistemática a los derechos humanos, en especial una discriminación hacia las mujeres. Hoy es un foco de gran atención internacional por las manifestaciones en contra de su gobierno.
En primer punto, Irán tiene un sistema presidencialista teocrático que implica que el gobierno es representado por un presidente elegido de manera democrática, pero en la práctica dicho gobierno se encuentra controlado por el denominado líder supremo, quien representa al Estado, generando una ilusión de democracia en un estado dictatorial.
Las manifestaciones se han generado como consecuencia de la crisis económica que vive dicho país, motivado por la inflación y la devaluación de su moneda, las malas gestiones en materia económica promovidas por sus gobiernos.
No obstante, el gobierno iraní al culpar de estos hechos a los países con que considera tener enemistades lejos de generar una posible solución solo aumenta la grieta de descontento.
Ello y las represiones brutales a las manifestaciones junto con ataques sistemáticos en los medios oficiales de comunicación donde señalan y recriminan de grupos subversivos, generando otras manifestaciones en apoyo al propio gobierno han generado un momento de tensión, de confrontación y de graves violaciones a derechos humanos de las personas manifestantes.
Pareciera que estas manifestaciones pueden ser el inicio de un cambio en la nación persa, a la que poco le falta para perder la poca legitimidad que le queda frente a su pueblo y al mundo entero.
La responsabilidad internacional se mantiene sobre el costo civil que esto generará, puesto que el gran aliado de la cortina de hierro, será una pieza fundamental en este mundo globalizado.
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