México es el país de la chamba, pero no del empleo. Es decir, las fuentes de trabajo que se generan, no tributan ni pagan impuestos; se crean, en su mayoría, en la informalidad.
Para ser más específicos, el sector informal se refiere a todas aquellas actividades económicas que no cuentan con registro fiscal, no pagan impuestos y no ofrecen seguridad social ni prestaciones laborales a sus trabajadores.
Ejemplos claros de ello son el comercio ambulante, los micronegocios, el autoempleo o la labor de profesionales independientes que prestan servicios a empresas formales.
Lo alarmante es que, de acuerdo con la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 1.2 millones de personas se sumaron a la informalidad, alcanzando así 33 millones de trabajadores en esta condición, lo que representa el 54.6% de la población ocupada del país.
¿Y qué está fallando? Fácil: los “logros” del actual gobierno.
Sí, lectores, me refiero a las flamantes reformas constitucionales, como la judicial y la próxima electoral; a los aumentos al salario mínimo que se presumen como históricos; a los incrementos de impuestos que encarecen todo; a los aranceles… y la lista podría continuar.
Con esto quiero dejar claro que no se está en contra de los aumentos al salario mínimo, pero sí de que dichos incrementos no estén sustentados en análisis profundos ni contemplen la estructura real del país.
El aumento en los costos laborales, por supuesto, golpea directamente a las pequeñas y medianas empresas, de las cuales depende el 70% del empleo total en México. Pero si además se suma la restricción de la inversión privada ante la incertidumbre que generan reformas como la del Poder Judicial, el resultado es una economía formal cada vez más debilitada y un país cuya productividad se sostiene, en gran medida, por la informalidad.
No se trata de estar en contra del gobierno; los datos están ahí y las consecuencias van aún más allá. Se frena la competitividad, como lo señala el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en su informe más reciente, lo que a su vez continúa inhibiendo la inversión y afecta directamente al crecimiento económico, reflejado en tasas menores al 1%.
Y ahí no termina el panorama. Si a todo esto se le suma la amplia cobertura de programas sociales, se genera una mayor comodidad para el sector informal, que recibe subsidios sin contribuir vía impuestos.
¡Vaya panorama!
