El crecimiento económico se define como el aumento sostenido de la producción de bienes y servicios, en una economía a lo largo del tiempo. En este sentido, cuando un país produce más, genera mayores recursos y riqueza, lo que se traduce en más empleos, mejores oportunidades, mejores salarios, infraestructura, bienestar general y una mayor calidad de vida para las familias.
Pero… ¿qué componentes generan el crecimiento económico? Para comprender mejor este concepto es necesario explicar cómo se conforma la fórmula que mide el Producto Interno Bruto (PIB), es decir, el valor total de los bienes y servicios que un país produce en un año.
La fórmula del PIB se compone de la suma del consumo, la inversión, el gasto del gobierno y las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones). Expresada en términos matemáticos:
PIB = C + I + G + (X − M).
Conociendo lo anterior, podría parecer que detonar el crecimiento económico es una tarea sencilla; sin embargo, la realidad revela que es todo lo contrario. Tan es así, que el anhelado crecimiento sostenido del 5% anual no se ha logrado alcanzar.
Basta analizar los últimos datos comparativos del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, en los que se observa que México registró un crecimiento económico promedio de 2.3% anual durante los gobiernos del llamado modelo neoliberal, mientras que bajo el gobierno denominado de la Cuarta Transformación, el Producto Interno Bruto apenas avanzó 0.7% anual.
Entonces… ¿qué es lo que está faltando para impulsar el crecimiento económico? No es que los gobiernos no estén haciendo nada para incrementar el PIB, sino que las recetas aplicadas no están funcionando.
Actualmente se observan afectaciones al consumo derivadas del incremento de impuestos y de las constantes amenazas arancelarias; caídas significativas en la inversión privada, producto de la incertidumbre generada por especulaciones en torno a reformas políticas del actual gobierno, las cuales envían señales negativas a los inversionistas y ahuyentan el capital; un fuerte gasto público en megaproyectos que no han generado los rendimientos esperados y que han requerido incrementos presupuestales no contemplados; así como un gasto público elevado en programas sociales, al grado de que diversos expertos advierten sobre la limitada viabilidad de sostener su ritmo de otorgamiento. A ello se suma un entorno adverso en el comercio mundial derivado de la geopolítica, que sin duda impacta al comercio nacional.
Ante este panorama poco alentador, y después de una reunión privada entre la presidenta de la República y destacados economistas del país, se anunció recientemente un plan de inversión que busca fortalecer el llamado Plan México, con el objetivo de detonar el crecimiento económico a una tasa del 3% anual.
La apuesta se centra en la inversión pública en carreteras, energía, hospitales e infraestructura en general.
Los esfuerzos y la intención son plausibles; sin embargo, como lo indican los propios componentes de la fórmula del crecimiento económico, es indispensable contemplar los detalles, el panorama integral, la certeza jurídica y, sobre todo, los mensajes implícitos que la política envía a los mercados, a las relaciones comerciales y al contexto geopolítico.
Todo ello, en beneficio de las y los mexicanos.
