Hay políticos con características muy específicas, unos son expertos en la oratoria, otros tienen un carisma extraordinario, unos más mantienen una imagen pulcra, los menos; alcanzan un equilibrio entre éstas y otras cualidades.
No obstante, en lo particular, considero que la expresión oral (narrativa, como lo llaman ahora) es clave para comunicar los mensajes. Es decir, este elemento básico e insustituible de saber decir y convencer a las personas representa la herramienta más poderosa en la política.
Una muestra de lo anterior se vio en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, celebrado hace unos días. Ahí, el canciller de Canadá Mark Carney, pronunció lo que sería el discurso más aclamado de los mandatarios que acudieron al evento.
La situación lo ameritaba por lo que se ha denominado “un nuevo orden mundial”, donde Estados Unidos ha manifestado su interés de “hacerse”, “comprar”, “apropiarse” de Groenlandia que actualmente es territorio de Dinamarca.
Ante este escenario y una política de confrontación a base de aranceles económicos de parte del presidente Trump hacia casi todos los países de mundo, lo que se esperaba de Canadá era un posicionamiento poderoso y así fue.
Inició diciendo: “hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal, en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”.
Y destacó: “cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias”.
Era muy claro que se refería a Estados Unidos y en particular al presidente Trump, pero en todo el discurso omitió aquellas referencias. Aunque, nadie de los presentes dudó por un momento sobre los destinatarios del discurso.
Todo el diagnóstico fue muy afortunado, pero quizá la frase que engloba el eje articulador del discurso fue: “las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú”. Enunciado metafórico que representa la dinámica actual de las naciones y que invita a las potencias medias, a crear un frente común en contra de quienes buscan actuar solos.
Porque según el mandatario canadiense, el tamaño de su mercado, su capacidad militar y su poder les permiten imponer sus condiciones. De tal suerte que no hay vuelta atrás. Estamos ante un nuevo paradigma de naciones y como se dijo “la nostalgia no es una estrategia”.
Cabe mencionar que cuesta trabajo ubicar a Canadá como artífice de un discurso de esta naturaleza. Regularmente su papel en el concierto de las naciones había sido modesto y poco protagónico. Pero este revire en la política internacional, nos tiene preparadas varias sorpresas.
Vale la pena analizar con detalle el discurso citado y sacar las conclusiones necesarias, para apuntalar a México en esta coyuntura, porque tarde o temprano tendrá que asumir un posicionamiento al respecto.
