La detención de quien actuaba de facto como presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aprehendido por elementos de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, fue en una operación sin precedentes.
Es la primera vez en la historia del mundo contemporáneo, que un país se introduce a otro y arresta al representante de dicha nación. Si bien existen antecedentes sobre intromisiones para aprehensiones, nunca se había realizado para aprehender a quien representa a una nación.
Lo anterior implica una competencia extraterritorial de los agentes de Estados Unidos quienes no tienen facultades para introducirse y arrestar a una persona en un país diverso al suyo y ello claro, que sin la autorización de una nación ataca la soberanía de la misma. Además de ser una violación al principio de inmunidad diplomática.
Parece que lo más preocupante es que genera un precedente sobre intromisiones a países sin ningún tipo de procedimientos internacional, violentando los tratados y soberanías establecidas hasta el momento.
Si bien en el caso en específico la persona detenida sin duda pudiera representar un gran avance para la democracia y la caída de dicho régimen en Venezuela, lo cierto es que ante los acontecimientos suscitados fuera de un marco normativo internacional o por lo menos lejos de la costumbre y violentando la soberanía de dicha nación, en poco ha beneficiado hasta este momento dichas esperanzas.
Si bien la alegría ha sido porque se detuvo a quien se considera un dictador, lo cierto es que enfrentará la justicia por cuestiones diversas, lo que no generará una investigación respecto de los crimines que suscitaron durante su gobierno y lo que tampoco ha implicado el inicio en la vida democrática de dicho país.
Hago votos para que sea un parteaguas para el inicio de la democracia y el respeto a los derechos humanos en Venezuela.
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