La última resolución de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, respecto de los aranceles que había establecido el propio presidente de nuestro vecino del norte, ha sido una demostración de democracia y constitucionalidad.

La resolución establece que el primer mandatario norteamericano, se extralimitó en sus atribuciones al haber declarado aranceles sin autorización del Congreso, lo que genera una protección a un sistema democrático, que implica que un mandatario no puede realizar acciones que impliquen incluso, una posible afectación a la soberanía y a las relaciones exteriores de su propio país.

Lo anterior en virtud de que si bien en un sistema presidencialista, la representación de una nación radica en un presidente, este depende de los poderes que se han generado bajo el amparo constitucional, que limitan sus facultades y revisan sus decisiones.

Máxime que ello no solo genera un control a sus facultades, sino un respeto a la voluntad de la población, puesto que la representación de quienes no están de acuerdo con quien hoy detenta la presidencia, se encuentra en sus representantes en el Congreso y solo bajo la protección de dicha división, se puede proteger la voluntad de esa minoría que, si bien no obtuvo una victoria, tiene derechos que deben de ser respetados.

Sin embargo, lo que parece más importante, es el respeto a la constitución y a un sistema que garantiza, que la única voluntad que puede permanecer en un sistema democrático y garantista, es aquella emanada de la norma y de su propia constitución.

Pensar lo contrario, solo debilita las instituciones, la democracia y las naciones en sí mismas.

Por lo que la verdadera democracia y del sistema constitucional, solo se puede lograr a través de la división de poderes y el fortalecimiento de las instituciones.

jfernandoge1@gmail.com

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