Con el final de la semana mayor y el inicio de la pascua, ha pasado un momento de reflexión, en el cual nos hemos encontrado en familia.

No obstante, uno de los temas más allá de lo religioso parece que es meramente jurídico y axiológico, como lo fue el proceso de Jesucristo e inmerso en él, una figura fundamental: Poncio Pilato, quien era el encargado de hacer justicia y frente a una presión social y temiendo por la consecuencia impopular, decidió literalmente lavarse las manos y permitir un acto de injusticia que fue la condena de un inocente.

El hecho de lavarse las manos, pasó a la historia como un acto no solo de cobardía sino de irresponsabilidad, puesto que siendo su obligación evitar el acto y sabiendo que ello no debía ocurrir ante el temor de una represalia, lo permitió.

Esa es la diferencia entre quien genera justicia y quienes pasarán a la historia como cualquier otro Pilato, puesto que hoy la obligación de las y los impartidores de justicia, no es lavarse las manos, es hacer justicia incluso cuando sea impopular o si la misma, les pudiera engendrar algún pesar.

Quisiéramos pensar que aquellos tiempos han terminado y que hoy la justicia no se ciega ante presiones sociales, pero lo cierto es que las presiones y los sesgos existen en cualquier momento y solo quienes en verdad se encuentren comprometidos con la justicia, serán fieles defensores de la misma y como consecuencia, en vez de lavarse las manos, impedirán cualquier acto de injusticia.

Es fácil en la mayor parte de los casos pregonar justicia cuando esta es popular y aceptada por la sociedad, pero la verdadera justicia se encuentra cuando se enfrenta incluso, las decisiones incorrectas de la sociedad, pero solo esa justicia generará un verdadero Estado de Derecho.

jfernandoge1@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *