Hace unos días, la organización México Evalúa publicó su estudio “Finanzas públicas de 2025: balance del primer año del sexenio”, en el que llaman la atención los datos sobre el endeudamiento público del país.
La deuda ha alcanzado una nueva cifra récord que incluso supera lo que, en abril del año pasado, en este mismo espacio de opinión —en la nota titulada “Un México endeudado”-, estimábamos que podría ocurrir hasta 2026 (52.3% del PIB).
Pero no solo esa estimación se quedó corta; también se superó la meta oficial planteada por el propio gobierno, que preveía un nivel de deuda equivalente al 51.4% del PIB.
La nueva cifra récord de endeudamiento alcanzó 18.8 billones de pesos, lo que representa el 53.1% del Producto Interno Bruto. En otras palabras, el país ya debe más de la mitad de todo lo que es capaz de producir en un año.
Si lo analizamos en términos per cápita, es decir, dividiendo el monto total de la deuda entre el número de mexicanos, el resultado indica que a cada ciudadano le corresponde hoy una deuda aproximada de 140,736 pesos.
El estudio destaca que el incremento en la deuda se explica principalmente por tres factores.
El primero, es que el gobierno contrató más deuda de la inicialmente prevista.
El segundo, es que el crecimiento económico fue menor al esperado: la economía apenas creció 0.6%, muy lejos de la expectativa de 2.5%, situación que elevó automáticamente la relación deuda/PIB.
Y el tercero, es la apreciación del peso frente al dólar, que pasó de 20 pesos por dólar en 2024 a alrededor de 18 pesos en 2025. Esto redujo el valor en pesos de la deuda denominada en dólares y ayudó a contener parcialmente el incremento total.
Ahora bien, algunos podrían pensar que esta es solo otra de las cifras pesimistas que se difunden constantemente sobre el gobierno, o argumentar que administraciones anteriores también incrementaron la deuda pública año con año.
Sin embargo, el problema es más serio de lo que parece.
Existe una regla de oro del endeudamiento: la inversión debe ser mayor o, al menos, equivalente al monto de la deuda. Es decir, para que el endeudamiento envíe señales de finanzas públicas sanas, los recursos obtenidos deben destinarse principalmente a inversión productiva.
Hasta 2018, por cada peso de deuda había alrededor de 1.19 pesos de inversión pública.
Hoy el panorama es muy distinto.
En 2025, por cada peso de deuda solo se destinaron 45 centavos a inversión, la cifra más baja registrada en los últimos 15 años.
Esto resulta altamente preocupante para las finanzas públicas del país. Si esta tendencia continúa sin una corrección clara, los futuros ingresos públicos podrían terminar comprometidos de manera irresponsable, al pago de intereses y amortizaciones de la deuda.
El impacto sería directo para las próximas generaciones de mexicanos, ya que se reduciría cada vez más el margen de recursos disponibles para áreas fundamentales como salud, educación, seguridad o inversión pública.
El resultado inevitable sería mayores impuestos, recortes al gasto o una combinación de ambos, escenarios que, en cierta medida, ya comenzamos a observar.

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