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(Por Karla García Ávila) Viernes, 21 de Junio de 2019 -- 2:56 am

  

 

Sólo 12 semanas

Fui a una escuela de monjas (católica), allí entre otras cosas, me enseñaron la “buena educación”.  No puedo negar que algunas de las cosas me han servido para ser hoy la mujer y la persona que soy.  A usar el uniforme con respeto; a respetar la autoridad, a convivir con mis compañeras, etc.

Recuerdo sentir rebeldía a algunas imposiciones como el no usar aretes grandes, o la falda arriba de la rodilla, esas cosas que independientemente de la escuela en la adolescencia se cuestionan.

En las clases de la secundaria recuerdo a la “madre” Directora; una mujer joven que no usaba hábito y nos dejaba usar zapatos más modernos.  Cuando platicaba con nosotras se mostraba abierta a temas como los novios y sexo.  Sin embargo, uno de los temas que teníamos obligatoriamente que ver y entender por instrucciones de SEP y de la religión era el famoso video de un “aborto por aspiración” el cual a muchas les parecía una película de horror.

En lo personal, el video no me parecía espantoso; y nunca que yo recuerde me cuestione el hecho de tener que abortar.  En la secundaria conocí de sexo pero nunca se me educó en una sexualidad integral.  En casa como en la escuela el sexo era malo, porque el hombre (varón) sólo deseaba quitarle a la mujer su estado de virginidad y jugar con sus sentimientos.  Así mis conceptos fueron los siguientes.  Hombre=Todos malos, Sexo=Perdición, Placer=Peligro, Aborto=Muerte.

Estos conceptos los lleve conmigo hasta que comencé a cuestionarlos, me informe y estude; y sobre todo tome conciencia de mi ir viviendo.  Algunos años después me hice “cristiana evangélica” y a decir verdad me gustó el concepto.  El estudio teológico es interesante y constructivo.  Pero punto y aparte de las enseñanzas de fe y doctrinales; la religión y en especial el poder de los dirigentes fueron temas para mis críticas.

Llegue a la conclusión de que no es constructivo sólo escuchar a las religiones y mucho más en los temas que relacionados a la sexualidad.  Cuando los gobiernos y las religiones se aferran por imponer sus ideales a toda una población; y anteponen “castigos” para hacerse valer; eso justo eso debe der mayormente cuestionado y analizado.  El aborto, la virginidad, la infidelidad, la diversidad, entre otros temas; tienen que ser asumidos personalmente con libertad y seguridad.

En relación al aborto en específico; el debate y controversia radican en el cómo se hace y no en el por qué se hace.  Evidentemente es algo que muchos y muchas queremos evitar; la realidad es que muchas y tal vez algunos hombres necesitan.  El aborto no es algo que los pro-legalización-del-aborto promuevan como una invitación (aunque lo pareciera).  El discurso NO es “¡ABORTA! como si fuera mandatorio.  El mensaje real de los y las promovemos la legislación es “si después de evaluar tus posibilidades, consideras que abortar es tu única opción; entonces puedes hacerlo de manera libre y segura” esto con todo lo que implica.

Las 12 semanas de gestación que se tienen como la mejor opción para abortar; es porque médicamente el aborto puede llevarse bajo las mejores condiciones.  ¿El concepto de producto, feto, o bebe? Son conceptos relativos; hay mujeres que no asumen el concepto de bebe (hijo/a) hasta los últimos días de gestación, o hasta que sienten los movimientos, o hasta que esta nacido.  La medicina tiene diferentes nombres para cada momento de la gestación; y la religión se está encargando de decidir cuál es el mejor concepto para sus fines.

12 semanas para reaccionar, sentir, evaluar, decidir y ejecutar.  Vaya dilema para quienes tienen que enfrentar la toma de esta decisión.  La legislación no ayuda, y el discurso religioso sólo crea más culpa.  Se posterga el tiempo y es aún más difícil decidir.

Las mujeres abortaron y seguir abortando; esperemos que pronto sea una práctica segura para todas.  Y que sea una decisión consciente y respetada.  Podría apostar que en cuanto se legalice y se tengas cifras reales, estas serán alarmantes (es una realidad) y también me atrevo a decir que las cifras serán cada vez menores en tanto  la información y la educación integral de la sexualidad vayan haciendo su trabajo.


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