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VOCES MIGRANTES

(Por Manuel Aranda) Martes, 14 de Agosto de 2018 -- 5:20 am

  

TRUMP Y SU INCONGRUENTE MUNDO AL REVES

En días recientes se suscitó un fuerte enfrentamiento entre el gobierno federal estadounidense y los jueces de inmigración, que acusaron al Departamento de Justicia y su titular Jeff Sessions de violar la independencia de esos tribunales, al destituir a un juez de su cargo en evidente respuesta a que según ellos, este aparentemente demoraba las órdenes de deportación, lo cual les generó una reacción desmedida y visceral.

 

Es debido a eso que la Asociación Nacional de Jueces de Inmigración, el gremio de estos juristas, pidió a la Oficina Ejecutiva para la Revisión de los Casos de Inmigración, órgano del Departamento de Justicia, que declare y se comprometa por escrito a no interferir con la autonomía judicial que les de la entera libertad de tomar decisiones a los jueces sin que el gobierno federal intervenga con argucias para reasignar los casos con la intención de un juzgador a modo. De hecho fueron voceros del sindicato judicial quienes denunciaron que había casos que fueron reasignados aparentemente para conseguir los resultados deseados por el gobierno nacional.

 

“La independencia en las decisiones de los jueces de inmigración está en jaque”, declaró la jueza de Los Ángeles A. Ashley Tabaddor en su condición de presidenta del sindicato de jueces. “Si se permite que esto persista, el departamento puede sencillamente elegir los juzgados donde puede conseguir los resultados que desea”. La querella fue motivada por el caso de un inmigrante guatemalteco que vino a Estados Unidos como un menor no acompañado hace varios años y no acudió a varias audiencias. Abogados del Departamento de Seguridad Nacional habían pedido al juez que emitiese una orden de deportación en vista de que el hombre no se presentaba.

 

Es de llamar la atención que precisamente cuando más se busca endurecer todo espacio en torno a la migración y oficialmente se critique y ataquen incluso las vías más tradicionales para acceder legalmente a procesos de regularización migratoria, los padres de la primera dama estadounidense Melania Trump, nacidos en Eslovenia, el jueves pasado se convirtieron en ciudadanos estadounidenses en una ceremonia en Nueva York. Los suegros del presidente Donald Trump, Viktor y Amalija Knavs, prestaron juramento como nuevos ciudadanos estadounidenses, quienes fueron asesorados por el abogado Michael Wildes, quien ante medios no precisó cuánto tiempo demoró el proceso de los Knavs para tornarse ciudadanos, ni si fue su hija Melania, de 48 años, quien auspició su "green card" o permiso de residencia y trabajo, el paso previo a tramitar la ciudadanía. Trump, criticado por su política migratoria restrictiva, es quien paradójicamente busca poner fin al proceso mediante el cual un estadounidense puede auspiciar la ciudadanía para familiares cercanos inmigrantes, conocido como "reunificación familiar" con el argumento de que esa "migración en cadena" roba empleos a los estadounidenses y amenaza la seguridad nacional, y defiende un sistema migratorio basado en el mérito, que da preferencia a ciertos profesionales más educados, y que hablan inglés. En resumen, la misma vía que aprovecharon exitosamente sus suegros.

 

El Congreso ha fracasado hasta ahora en aprobar un acuerdo migratorio, pese a las presiones de Trump para lograr un pacto que reduzca significativamente la entrada de inmigrantes a Estados Unidos, y financie su idea de construir un muro en la frontera con México. Viktor Knavs, su suegro que era vendedor de automóviles en Eslovenia, y su suegra Amalija, que trabajaba en una fábrica textil, tienen más de 70 años, están jubilados y pasan gran parte del año en Estados Unidos, donde visitan con regularidad a su hija y su nieto Barron. La pareja crió a Melania en la ciudad de Svenica, cuando el país tenía un gobierno comunista. En 1996, Melania Trump se mudó a Nueva York para dedicarse a su carrera de modelo, y dos años después conoció a Donald Trump, con quien se casó en 2005 y al año siguiente obtuvo la ciudadanía estadounidense de la misma manera que su marido pretende ahora cancelar como posibilidad.

 


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