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(Por Marco Vera) Martes, 9 de Mayo de 2017 -- 5:09 am

  

 

Pobreza Urbana. Parte II

 

 

 

En la entrega anterior, abordamos el tema de la pobreza urbana, desde la combinación de dos grandes grupos divididos por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), particularmente, el primero, la población vulnerable por carencias sociales.

En ésta entrega, seguiremos con el tema, pero ahora desde la perspectiva del segundo grupo, la población vulnerable por ingresos; recordando que la combinación de ambos grupos, determina la población en pobreza o pobreza extrema.

Para medir esto, existe un indicador económico, llamado: Línea de Bienestar, que para el año 2014, según datos del propio CONEVAL, en Hidalgo había un 59.4% de población con un ingreso inferior a dicha línea, poco más de 1.6 millones de hidalguenses y de éstos, el 24.7%, es decir, poco más de 703 mil, tenían un ingreso inferior a la línea de bienestar mínima.

Pero ¿a cuánto asciende el ingreso mensual, que identifica las líneas de bienestar? Pues bien, primero, debemos definir de que se compone dichas líneas de bienestar; la línea de bienestar equivale al total de la canasta alimentaria y de la canasta no alimentaria por persona al mes; la línea de bienestar mínima, equivale al valor de la canasta alimentaria por persona al mes. 

La canasta básica alimentaria, se divide en rural, que para el año 2014 tenía un costo de 853 pesos y la urbana, que para el mismo año, tenía un precio de 1,225 pesos y están compuestas por una serie de productos alimenticios como el arroz, la leche, la carne, verduras, maíz, etc.; la canasta básica no alimentaria rural, para el mismo año 2014, tenía un costo de 742 pesos, la urbana tenía un costo de 1293, y están compuestas por el costo del transporte público, cuidado y limpieza de la casa, cuidados personales, enseres escolares, esparcimiento, etc.

La suma de ambas canastas, alimentaria y no alimentaria, arroja el valor mensual por persona de la línea de bienestar, que en éste caso asciende, en el tema rural a 1596 pesos y en la urbana a 2518 pesos.

Con estos datos, pensemos ahora en los dos escenarios, el rural y el urbano; para el escenario rural, podemos identificar un promedio de 4.5 personas por familia; para el medio urbano, de 4 personas en promedio, dato de índole nacional según el INEGI; haciendo una simple operación de multiplicación, para una familia rural de 4.5 integrantes en promedio, su línea de bienestar tendría que pasar por un ingreso mensual de 7,182 pesos, o al menos de 3,838 pesos mensuales para estar en la línea de bienestar mínima de ingreso económico; para que una familia urbana, esté en una línea de bienestar económico, tendría que tener un ingreso mensual de 10,072 pesos.

Ahora, podemos entender, con todos éstos datos, el porque tenemos más de la mitad de la población hidalguense en situación de pobreza o pobreza extrema, ya que la combinación de población vulnerable por carencias sociales, y los ingresos bajos, que no permiten alcanzar las líneas de bienestar, provocan serias consecuencias en la sociedad, y para muestra, la pobreza y la pobreza extrema.

Si solo tomamos los datos de la línea de bienestar urbana, podríamos pensar entonces ¿qué población de alguna ciudad media de Hidalgo o del País, tiene ingresos superiores a los 10 mi pesos mensuales?

Como ya vimos, según los datos del CONEVAL, menos de la mitad, por lo que ésta condición, combinada a la vulnerabilidad por carencias sociales, así como la vulnerabilidad por inseguridad, riesgos hidrometeorológicos, riesgos de salud por contaminación, hacen una ecuación, como ya dijimos, muy compleja, que incide directamente en la llamada Pobreza Urbana.

El vivir en las ciudades, no siempre es sinónimo de bienestar o de acceso a los servicios, no siempre es sinónimo de felicidad o de tranquilidad para sus habitantes, ¿qué podemos hacer, como gobierno y sociedad, para revertir éstos escenarios? Lo trataremos en nuestra siguiente entrega.

 

Hasta la próxima

 

Twitter @arqmarcovera

 

 

 

 


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