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(Por Enrique López Rivera) Martes, 25 de Junio de 2019 -- 9:37 am

  

 

La parálisis gubernamental

 

Por Enrique López Rivera

 

Desde hace un año, cuando millones de mexicanos decidieron darle el triunfo al presidente Andrés Manuel López Obrador, las expectativas sobre su gobierno se fueron haciendo cada vez más grandes. Muchos creyeron en un cambio radical y rápido: terminar con la corrupción por decreto y por la firme convicción presidencial.

Sin embargo, hay que reconocer, que lo anterior no fue producto de un entusiasmo desbordado de la gente sino una reacción a las promesas que el propio presidente alimentó.

Nuevamente muchos se dejaron llevar por el momento y dejaron de ver que el ejercicio de gobierno siempre es complejo. Dentro de la toma de decisiones, hay intereses que se ven afectados.

Por lo que más rápido de lo previsto, los optimistas tuvieron que recular. Ahora desde el gobierno federal se hacen llamados para mantener la calma y darle tiempo al tiempo.

Y en ese tenor también hay que aceptar –con cierta resignación-, que los grandes cambios no tienen plazos exactos, son inciertos. De lo anterior dependen factores imponderables. Por lo que efectivamente hay que esperar más tiempo para medir el resultado de un viraje importante en la administración pública federal.

Pero desde ahora hay algunos indicadores que preocupan por su elemental ineficiencia. Uno de ellos es el que prevalece en las dependencias del gobierno federal dentro de los estados. Aquellas conocidas como delegaciones, que desde hace meses viven en la incertidumbre.

Por un lado, el presidente ya anunció que muchas de aquellas dependencias desaparecerán. Según los estándares del nuevo régimen, esa abultada burocracia tiene que eliminarse por su falta de justificación. Se ha dicho que muchas de esas oficinas duplican funciones, engrosan la nómina del gobierno y no son productivas.

El diagnóstico parece acertado, pero en los últimos meses no ha ocurrido nada de lo anterior. Para bien o para mal, siguen funcionando. Nadie sabe a ciencia cierta, qué pasará con esos órganos desconcentrados ni cuál será el destino de esos ejércitos de trabajadores, que viven con la duda sobre la continuidad laboral.

Incluso -vaya paradoja– ahora se tiene el peor de los escenarios. Porque esas dependencias siguen “atendiendo” a un determinado número de personas, que se acercan para realizar trámites o gestiones. No obstante, los que ahí laboran no tienen más remedio que dar como respuesta, que una vez regularizada la administración federal podrán darle seguimiento a sus peticiones.

La cuestión es que como no hay titular (los nombramientos no llegan), la parálisis gubernamental es generalizada. Nada fluye, no hay línea, nadie se quiere comprometer, no hay recursos, no existe una directriz que defina el camino a seguir.

En contraparte algunos dirían que existe una figura nueva, que coordina todos esos esfuerzos gubernamentales. El nombre oficial es Delegado Estatal de Programas para el Desarrollo del Gobierno Federal o bien, en el lenguaje popular: el super delegado.

Más allá del nombre, lo que no se puede identificar es el papel que realiza dicho funcionario. Lo cierto es que al cabo de los últimos, meses ha tenido un papel meramente decorativo.

En conclusión es muy evidente el impase gubernamental. Muy pocos saben que es lo que viene en adelante. Lo que tenemos ahora es una promesa de que las cosas van a cambiar, pero los órganos burocráticos que deberían de operar ese cambio simplemente no funcionan.

 

@2010_enrique

lore750715@gmail.com


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